domingo, 16 de marzo de 2025

Reconciliación

 


El tema de la violencia y de la venganza es más o menos pesado pero al mismo tiempo crea un espacio para preguntarme a mí mismo ¿Cómo salgo de este enredo? Por todo lo que quisiera ofrecer la otra mejilla, no estoy completamente convencido de su efectividad o de su vigencia temporal. Y después de quedarme sin mejillas, de tanto ofrecerlas, ¿cómo puedo realmente superar estas fuerzas que se generan en nosotros?

Yendo más profundamente, necesito ver que a veces el peor enemigo está dentro de mi. Yo puedo ser ese peor enemigo y ofrecer las mejillas no me va a ayudar demasiado.

Entonces veo con mucha más claridad la necesidad de reconciliarme conmigo mismo y con todas las personas que me han herido. El camino de la reconciliación es arduo pero sincero y es el único camino que me permite salir del círculo vicioso de la violencia interna y del resentimiento que causa el maltrato de otros hacia mi y el maltrato de mi mismo hacia mi.

Así, viendo estas cosas, me surge el impulso natural del perdón, que no deja de ser importante pero no es suficiente. No es suficiente porque me obliga a ponerme en esas situaciones totalmente inesperadas en donde se perdona al agresor y el agresor no se da por entendido y sigue agrediendo y yo, agredido y ahora humillado, decido que el perdón no resulta ser muy efectivo ya que estoy nuevamente resentido y doblemente porque mi perdón no fue acogido con mucha gracia y en el mejor de los casos, si mi perdón es aceptado, entonces me creo moralmente superior y ahí se acaba todo el esfuerzo por una transformación más interesante. Además, queda una parte inconclusa que es ¿cómo me perdono a mi mismo?

Necesito ir un poco más adentro...y desgraciadamente no es algo que puedo hacer simplemente olvidando lo que ocurrió. El olvido no funciona bien, porque el recuerdo doloroso está todavía en mi memoria y por más que trato de suprimir, aflora y sigue haciendo presente esa situación aunque yo trate de olvidarla. A veces es un perfume, o un color que trae al presente todos esos recuerdos que yo creía olvidados y ahí estoy nuevamente en situación de resentimiento.

Poco a poco y casi sin opciones empiezo a reflexionar en que la única forma de superar todo esto es a través de una reconciliación profunda y sincera que en mi caso específico comienza conmigo mismo y como se ha dicho anteriormente, este proceso comienza cuando acepto que tengo un problema, cuando puedo decir que no me quiero tanto como creo y a veces no me quiero nada. Esa falta de cariño a mi mismo es complicada, sufriente y poco importan las causas y los orígenes. Lo importante es que ahí está siempre pidiendo ser reconocida y resuelta. Ahí estoy con toda esta carga que solo se aliviana cuando empiezo a tratarme de un modo diferente, cuando empiezo a verme a mí mismo de un modo distinto, cuando aparece en mi un deseo de transformación que no está ligado a ningún sentimiento de culpa o deseo de “mejorarme”, o ninguna exigencia de ese tipo. Simplemente me veo como una persona con muchos atributos positivos y negativos, con anhelos y esperanzas, con fracasos y triunfos y me veo como un ser verdaderamente humano con necesidades de todo tipo y también con un interés en otros y en convivir con otros y querer a otros...y también a mi mismo. Y cuando puedo verme así, mi futuro se abre y siento que puedo salir de la trampa del resentimiento.

Entonces reconozco la validez de no juzgarme y de no juzgar a otros. Reconozco la necesidad de transformar mi vida y la vida alrededor mío pero no por compulsión, o por ninguna razón que no sea la de superarme, porque entiendo aunque no siempre profundamente y no siempre del todo, que es un esfuerzo hecho sin interés de retribución y de reciprocidad. En otras palabras, no es necesario ni importante que el otro responda de la misma forma. Es una especie de “desarme unilateral” que lo experimento como liberación interna, como una sensación de liviandad y de coherencia. La siento con encaje interno.

Finalmente puedo percibir que los esfuerzos por reconciliarme conmigo mismo, cuando voy logrando ese desarme unilateral, me refuerza el mismo sentimiento de reconciliación con otros y puedo ver a veces como todas esas personas que me han agredido son exactamente iguales a mi y las puedo percibir en su humanidad y eso sucede porque yo me voy humanizando. Así que después de todas estas vueltas, caigo en cuenta que todo comienza a transformarse cuando yo decido reconciliarme conmigo mismo.

Y es en esta tarea, y no otra, que puedo salir del círculo cerrado de la violencia y de la venganza. Lo mejor de todo este proceso es la silenciosa alegría que se va acumulando en mi interior y siento un profundo agradecimiento por todas estas enseñanzas que hemos recibido.

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

lunes, 24 de junio de 2024

Confianza


Cuando las instituciones que son los pilares de una sociedad no son percibidas como tal, entonces es el principio de la desintegración de esa sociedad. La ciencia ya no es creíble, la educación es dudosa, la religión no es inspiradora, la justicia no es mas ciega, los políticos no son más los representantes de ninguna verdad. La confianza es uno de los ingredientes claves para que una sociedad funcione correctamente. En general esta confianza se pierde cuando aquellos depositarios de esta confianza fallan en su accionar. Normalmente esa confianza jamás es recuperada cuando falla. La duda y la desconfianza envenenan todo lo que tocan y aún no se ha encontrado el antídoto para este enorme problema. Cuando hay confianza, hay tolerancia y respeto porque se comprende que pueden haber errores subsanables, pero no es el caso cuando esa confianza se esfuma. Toda la tolerancia y el respeto desaparecen en un torbellino de mutuas recriminaciones y últimamente dan paso a la violencia y a la desintegración total. Sucede en las relaciones humanas y sucede en las sociedades humanas. Uno se pregunta entonces, que se puede hacer? Cómo podemos salir de esta situación?

Depositaremos nuevamente nuestra confianza en aquellos que nos han traicionado? Perdonaremos todos los errores cometidos? Cambiaremos unos por otros pero sin ninguna certeza de que las cosas puedan mejorar? Escucharemos nuevas promesas sin convicción alguna? Ninguna de estas alternativas parecen producir lo que se ha perdido. No inspiran confianza por más esfuerzo que hacemos y por más esfuerzo que los otros hacen. No suenan sinceras porque no lo son. La sinceridad que necesitamos está íntimamente ligada al reconocimiento de que esta sociedad ha fracasado y es un fracaso a todo nivel. No se puede arreglar con promesas ni con declaraciones, ni con mano dura o mano blanda. No importa quien o quienes son los que se declaran "salvadores", porque no inspiran confianza y a lo mejor estamos todos hartos de lo que ya conocemos por miles de años.

El verdadero reconocimiento de este fracaso social nos pondría en una situación extraordinaria, enormemente penosa para algunos pocos y liberadora para el resto. Este reconocimiento implica poder expresar nuestra ignorancia a todo nivel. Implica poder ver todos los errores sin prejuicio, sin cobardía y sin culpables. No ganamos nada encontrando culpables porque si hay verdadera sinceridad, mejor nos repartimos las culpas, pero no creo que es lo mejor ni lo que se aspira tampoco. La verdadera justicia poco tiene que ver con la culpabilidad.

Si pudiésemos como sociedad experimentar este fracaso, quizás podríamos pasar a otra etapa en donde una nueva forma de organizarnos y de mirar las cosas es posible.

Inevitablemente en este estado de reconocimiento, el temor es lo primero que necesitamos aceptar, ver y abandonar. Es precisamente el temor lo que nos impide como sociedad avanzar a una forma más coherente de relación y de gobierno. El temor a perder lo que no tenemos o lo que creemos tener, el temor a no alcanzar lo que creemos necesitar, el temor a lo que recordamos haber tenido o creíamos tener nos ha llevado siempre a la destrucción y a la violencia como individuos y como sociedades. Este temor está en todos los niveles de nuestras vidas y por consiguiente nuestras estructuras sociales están en decadencia y en desintegración. "Cada uno aferrado a sus dioses..." como dice una famosa y verdadera canción. Sin darnos ni siquiera cuenta que esos "dioses" que nos adjudicamos son los mismos que los enemigos que hemos ido creando, se adjudican.

La verdad es que es una triste situación para toda la humanidad y nos guste o no, estamos todos inmersos en este sistema que ahora es global y sin ninguna posibilidad de escapar esta realidad.

Como todas las "realidades" solo queda comenzar a verla por lo que es y mientras más pronto mejor. Si existe una posibilidad de cambio es ahora y no mañana y ese cambio sólo va a ser posible si existe en cada uno de nosotros ese deseo fuerte de cambiar. Este cambio tiene que empezar por el individuo que toma cabal conciencia de la situación de fracaso a nivel individual y a nivel social. Si creemos ingenuamente que esto está separado y que es la sociedad la que está mal y nosotros bien, bueno, no iremos a ningún lado muy interesante. La postura opuesta en donde la sociedad está bien y el individuo no, es igual de errada.

Esto que sugiero es una de las cosas más difíciles de hacer y a la vez la más eficaz posible. Cuando el cambio comienza en el individuo es porque ese reconocimiento interno lo pone en una situación de "verdad" que no se puede llegar de otra manera. Como quisiera tomarme una pastilla y que todo esté bien al despertarme, o un vaso de algo que me haga sentirme mejor. O a lo mejor una dosis pequeña de drogas. Nada muy concentrado, pero suficiente para hacerme olvidar de esta realidad que no he creado y que no tiene nada que ver conmigo. O también me puedo rodear de personas como yo y así no siento mis errores de cálculo ni mi fracaso interno y puedo tranquilamente echarle la culpa al resto. Hay que admitir que a veces funciona por un rato pero inexorablemente ese momento pasa y algo sucede que esa artificialidad se rompe y estoy nuevamente internamente violentado por los hechos y por lo que no quiero admitir internamente. Las falsas puertas para acabar con la violencia interna y la desintegración social y personal que conllevan, son numerosas pero lo único importante es que son falsas. Lo verdadero siempre es sentido como tal y tiene la característica principal de no llevar violencia en si. Estamos hablando de violencia física, racial, de genero, religiosa, económica, etc...Todas las formas de violencia conocida. Uno siente lo que es verdadero como liberación interna, expansion, suave alegría, tranquilidad y la certeza de que el otro es tan importante como uno mismo. Si lo que llamamos "verdadero" necesitamos justificarlo y explicarlo porque no lo podemos sentir, entonces todas esas explicaciones no sirven mucho porque no llegan al corazón humano que es de donde parte la posibilidad real de transformación.

A lo mejor no siento todo el tiempo esto que lleva verdad, pero solo basta sentirlo unas pocas veces para orientar nuestras vidas en esa dirección humana y porque no decirlo, trascendente ya que verdaderamente trasciende lo personal, las pequeñeces individuales y nos pone en resonancia con la vida misma que se va construyendo de realidades internas y no de slogans y grandes tratados económicos, políticos y morales. Esta dirección ascendente me lleva a una situación de confianza con el otro y conmigo mismo que se puede experimentar sin duda alguna porque puedo sentir en el otro lo mismo que puedo sentir en mi. Cuando eso sucede, cuando puedo ponerme en el lugar del otro, es cuando mi posición en el mundo cambia y por consiguiente todo cambia. Poder y querer tratar al otro como yo quisiera ser tratado es la regla de oro para una sociedad real. Es el pilar fundamental para construir algo verdadero.

Cuando se divorcia el ser humano de sus sentimientos más profundos, es cuando el sentido se pierde o se esfuma. Cuando me separo de lo verdadero en mi, es cuando esa sociedad a la que pertenezco ya no es el reflejo de una dirección significativa. Ahí aparecen todos los "enemigos". Todos dispuestos a arrebatarme lo que creo tener. Ahí aparece lo indefensible y se enarbolan todas las banderas que sirven para señalar que lo más importante es el individuo, la familia, la propiedad, la religión y la patria. Y puede ser que asi sea, pero todo eso aparece teñido de temor y de violencia. No inspira confianza sino al contrario. Desintegra internamente y me obliga a traicionar lo que creo creer. Por un lado estoy dispuesto a hacer lo imposible por mis seres queridos y al mismo tiempo todo aquel que no pertenece a ese reducido círculo, es mi enemigo. Y por supuesto lo voy a justificar de mil maneras diferentes. Esa justificación se va a ir ampliando cada vez más y súbitamente me voy a encontrar con que la guerra, el asesinato, el control a través del temor es "necesario" porque son los enemigos de "mi patria" de mis "creencias" y de todo lo que existe.

Y si alguien se atreve a preguntarme cómo es posible que todo lo justifique y que esa religión que me adjudico es de "amor y no de odio" o cualquier otra pregunta que ponga en evidencia mi contradicción profunda, le responderé con insultos y más violencia.

Curiosamente no hay religión en el planeta que promueva el odio en sus enseñanzas originales, sin embargo aqui nos encontramos, con los defensores de la fe, armados hasta los dientes para proteger lo que nunca se dijo.

Se podría decir que es todo una absurdidad y por supuesto que lo es, pero hemos pasado el límite de lo que se puede decir y lo que tenemos enfrente es una desintegración que no responde a lo que se puede decir y analizar. Algo que crece como el cáncer y que va debilitando al cuerpo social hasta destruirlo. No estoy exagerando en absoluto. El resquebrajamiento social comenzó varias décadas atrás y en este momento estamos en una de las crisis más grandes que la humanidad ha enfrentado.

Están sonando todas las alarmas que nuestra corta memoria tiene de la historia y hasta los más cínicos y optimistas, en silencio saben que vamos en una dirección equivocada.

No creo que nadie realmente pueda estar muy contento con este análisis medio brutal y aparentemente negativo, pero desgraciadamente nos encontramos en una encrucijada histórica de proporciones. No es el momento de las palabras dulces y de la negación de lo que existe y adonde nos va llevando. Tampoco es el momento de las estadísticas y justificaciones intelectuales. Es necesario observar y entender que este medio en que vivimos llamado sociedad tiene mucho que ver con nosotros. En realidad, es casi imposible separar al individuo de la sociedad. Son una estructura y se comprenden estructuralmente. Es en la estructura misma en donde se va generando el problema de la falta de verdad, de la falta de fe, de la falta de confianza. El individuo y su medio se retroalimentan y no son concebibles separadamente por más que lo podamos imaginar.

Pienso y también quiero creer que podemos transformarnos y transformar nuestro medio. Pienso y creo que es posible ir en una dirección unitiva y totalizadora. He tenido chispazos internos de reconocimiento que me empujan fuertemente a creer que es posible no solo vivir con unidad interna pero también actuar en el mundo como fuerza transformadora.

Aprender a tratar a otros como quisiera ser tratado es la forma más coherente de estar en el mundo. Es algo que nos da sentido y dirección ascendente.

Luego, aprender a superar el sufrimiento en uno, en los otros más cercanos y en la sociedad.

Aprender a resistir la violencia que está dentro de mí y fuera de mi.

Finalmente, aprender a reconocer los signos de lo sagrado dentro de mi y en mi alrededor.

Entonces, se puede estar en el mundo, en la sociedad y aprendiendo a desarrollarnos internamente. Es importante entender que es necesario "aprender". No es solo una palabra sino que lleva consigo una forma de estar en el mundo en donde el aprendizaje es clave, en donde cada dia me pregunto por lo que es importante, en donde cada dia trato de aprender lo más posible sobre mi y los que me rodean y de alguna manera creo que es un "camino" que nos llevará a una sociedad distinta, humana, profunda y muchisimo mas verdadera.

La confianza está en la base de todas las relaciones humanas. Si se pierde, es como perder las puertas y ventanas en una casa. Si se afirma, entonces el futuro se abre de par en par.

jueves, 19 de octubre de 2023

Los Culpables




El tema de la culpabilidad es algo que siempre me ha llamado la atención. Probablemente porque desde mi infancia ha estado presente en mi vida. Nacido en una sociedad católica y educado en un colegio catolico, no me quedó otra que aprender a sentirme culpable desde la “tierna infancia”, como se decía antes…

Es bueno tener la experiencia directa de este fenómeno, a pesar de que no se lo deseo a nadie, ni tampoco a mi mismo. Pero al menos estamos hablando de algo que lo he experimentado y como se dice habitualmente , sufrido, por mucho tiempo y que me ha hecho pensar bastante en sus orígenes, desarrollo y la forma en que se ha compenetrado en las sociedades desde hace milenios. He usado la palabra “sufrido” intencionalmente y no como figura literaria porque la culpabilidad se experimenta como sufrimiento mental.

Porque es un tema serio, creo que lo mejor es abordarlo sin ninguna seriedad. De este modo puedo verlo mejor y decir desde el principio, que mi infancia poco tuvo que ver con la culpabilidad. En otras palabras, he conocido personas que nunca fueron a un colegio catolico y que nunca escucharon hablar de la “culpa” y se sienten tan culpables como yo… He conocido personas de otras latitudes, de otras culturas, con diferentes lenguajes y también tenemos en común que nos sentimos todos culpables.

Nos sentimos culpables por lo que hacemos y por lo que no hacemos. Por lo que pensamos y sentimos y también por lo que no pensamos y por la falta de sentimientos. O sea, nos encontramos en un laberinto interno sin mucha salida cuando se trata de la culpabilidad.

Lo más curioso de todo esto es que nadie lo quiere admitir y cuando sucede esa ingenua admisión, uno tiene por lo menos seis personas alrededor tratando de convencernos de que no somos culpables de nada. Lo que es algo bastante reconfortante pero no ayuda en absoluto. No ayuda porque a pesar de las buenas intenciones, es falso. La culpabilidad no desaparece con raciocinios, negaciones, convencimientos, rechazos, etc. Creo que hay que ir un poco más adentro, a la raíz del problema de la culpabilidad y esa raíz es como la de los robles; es profunda y larga…

Según las historias que se cuentan, nos expulsaron del paraíso por “culpa” de Eva que se comió una manzana del árbol del bien y del mal, seducida por una serpiente. Quien sabe donde estaba Adan en todo esto, pero la historia ya comienza bastante mal. Uno de los primeros “juicios” históricos comenzó con encontrar a los culpables y siguió con los “castigos” impuestos. Los echaron a los dos del paraíso por comer manzanas prohibidas y por querer ser como los dioses - o sea por tener aspiraciones más interesantes que simplemente existir. Ni hablar del hecho que fue una mujer la culpable y “Dios” siempre ha sido “el padre”.

Desde ahí para adelante es una serie de penurias enormes y de tragedias para los seres humanos - que por lo general vienen al mundo inocentemente sin saber nada de este pasado, sin posible elección y se encuentran en este extraño predicamento…son culpables antes de haber nacido. Además de todo esto, que resulta bastante extraño, hay un intermediario en todo este cuento y aparece en un momento clave en la historia con la intención de redimir a todos los seres humanos que ya venían con el “pecado original” a cuestas. El redentor trae un mensaje de amor, de compasión pero no alcanza a llegar a los 40 y termina crucificado por el imperio de turno ayudado por la religión existente en el lugar elegido.

Y de vuelta a toda la culpabilidad. No solo expulsados del paraíso, sino además culpables de su crucificción. Por supuesto, se explica que él murió por nuestros “pecados”, pero eso no ayuda para nada, sino que agrega un eslabón más a la larga cadena de culpabilidad que es el sustrato básico de toda una creencia, una fe y una forma de vida.

Quiero aclarar que no es mi interés en absoluto el ridiculizar la religión católica y de hecho, ninguna religión. Al contrario, intento explicarme a mí mismo cómo hemos sido adoctrinados y lo reconozco en mi primero y obviamente con muy pocos detalles y en una forma que puede verse como sarcástica, pero no lo es. Trataré de explicarlo a continuación.

Esta historia es muchísimo más complicada y lleva en esta forma miles de años en vigencia. Es importante, al menos desde esta perspectiva, entender que la culpabilidad en general está asentada en nuestra civilización y es completamente independiente de sus orígenes religiosos- si es que los hubo - considerando que el código de Hammurabi existía mucho antes de todas las religiones mencionadas. La culpabilidad se desprendió hace tiempo de sus orígenes pero sigue enclavada en nuestra reglas sociales, en los conceptos jurídicos, en lo que se considera “correcto” e “incorrecto” y en las formas más comunes de la aplicación práctica de las leyes que rigen a la humanidad.

La llamada “ley” se preocupa claramente de aplicar “justicia” y no hay tal justicia sin encontrar “culpables”. Los acusados por las leyes son enjuiciados y condenados (o absueltos) por los jueces que a veces es un magistrado y en ocasiones es un jurado compuesto por varias personas que deciden la culpabilidad o inocencia del juzgado. Todo esto funciona en todas las sociedades con el objetivo de aplicar justicia de acuerdo a las leyes del lugar. Las leyes cambian pero no cambia el sistema de justicia. No importa cuanto las leyes cambien, los culpables siguen siendo condenados. O sea, no existe un sistema de justicia sin culpabilidad. Esto que digo es así y no importa si uno está de acuerdo o no. Sin culpabilidad, sin castigos, sin juicios y sin confesiones se nos derrumba inmediatamente todo sistema judicial y cívico. Da bastante que pensar considerando todas las ramificaciones y consecuencias de todos estos enredos pero sin meternos en eso - que nos llevaría demasiado lejos, es evidente que los sistemas de justicia están basados en el “bien” y en el “mal” de acuerdo a lo que se considera bien y mal en el momento histórico en que se vive.

No creo que sea posible cambiar este sistema y no parece necesitar de ningún cambio, pero pienso que es interesante ver cómo opera en uno y como esa culpabilidad que no se sabe de donde viene, empieza a dictar mi comportamiento y ahora me siento culpable y no satisfecho con mi culpabilidad empiezo a encontrar a otros culpables. Nos repartimos la culpabilidad pero nada importante se transforma en nosotros.

Creo que el único antídoto para la culpabilidad es la responsabilidad. Este es otro tema largo y complicado por todas las interpretaciones que existen alrededor de los significados del “ser responsable”. Para hacerlo simple, me refiero únicamente a la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos en relación a la culpabilidad. En 1981, en Sri Lanka, Silo dijo lo siguiente: “Hoy nosotros decimos: deja por primera vez de buscar culpables. Ojalá se pueda declarar que no hay culpables y se establezca para todo ser humano la responsabilidad de reconciliarse con su propio pasado.”

Es una propuesta profunda, sencilla y algo que se puede efectivamente hacer si se sigue la línea de acción propuesta.

Si busco dentro de mí eso que me hace sentir culpable y trato de reconciliarme conmigo mismo, con lo que sucedió y con aquellos presentes en ese conflicto, es un paso adelante, es un paso que abre mi futuro. Es un comportamiento responsable en donde mi respuesta es internamente integradora y pretende superar la venganza, el resentimiento, la retribución y la auto degradación. En la verdadera reconciliación no hay perdones ni olvidos. En esta reconciliación es importante ir a la raíz del asunto de la venganza, del temor, de la culpabilidad y de la violencia. Esta raíz no es personal, es cultural y como ya hemos dicho, tiene sus orígenes en un pasado bastante remoto. De hecho el código de Hammurabi, antes del judaísmo, antes del cristianismo e Islam, es el comienzo de toda esta historia y por eso mismo esa raíz es larga y conviene estudiarla detenidamente y este estudio se basa en un principio universal que dice: “Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz y no cuando quieras resolverlos.”

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Sobre el Arte


Estoy interesado en el arte. Sí. Me interesa el arte pero desde una perspectiva o punto de vista y esta perspectiva se puede resumir de la siguiente manera:

“El arte como medio de expresión humana”

No me interesa la producción artística.

No me interesa definir “Arte”

Ciertamente no estoy interesado en nada remotamente conectado con la “creatividad artística” o el “proceso creativo” en el arte.

El hecho de que no me interesan esos aspectos no los hace menos importantes o valiosos. Tienen su valor y significado, pero no sería honesto si digo que los puedo incorporar.

Si el arte contribuye a la expresión humana, entonces es valioso y significativo, para mí. Si el arte contribuye al desarrollo social, entonces es valioso y significativo, para mi.

¿Por qué me interesa la expresión humana y porque me interesa el desarrollo social?

Porque soy un ser humano inmerso en un mundo de otros seres humanos. Nuestra existencia temporal y espacial es conocida por mi como “experiencia”. Estoy vivo (aparentemente) y lo que hago con mi vida es importante. Mi existencia, así como la existencia de los demás, está fuertemente condicionada por una multiplicidad de factores que no analizaré en este escrito y probablemente será suficiente mencionar los siguientes:

Todos venimos a este mundo sin la capacidad de elegir y es así como nacemos en un lugar de este planeta que no elegimos, nacemos en una ciudad, pueblo o región no elegida, en un contexto cultural no elegido; en un contexto social no elegido. Nacemos en una familia con un nombre y apellido que es dado. En suma, nacemos condicionados al máximo en una circunstancia temporal y material dentro de un momento histórico/cultural particular en el que sucede.

Mi existencia no es única. Es una existencia experiencial compartida. No hay nada demasiado único en mí, excepto la ligera diferencia en las características del cuerpo en comparación con otros seres humanos. Aparte de eso, además de una gran ilusión de singularidad, soy como todos los demás.

Como ya no me percibo como único, tampoco creo más en la “singularidad”, especialmente cuando se menciona en torno al tema del Arte.

Antes del Renacimiento, la producción artística era un quehacer anónimo. Era un esfuerzo social y no individual. No se asociaban firmas ni nombres con la producción artística. El arte era una actividad colectiva y tenía una expresión y una intención diferentes.

No tengo suficiente comprensión o datos para explicar por qué, pero puedo percibir que nuestra arquitectura, pintura, música, etc. pasó de ser una expresión de la sociedad en su conjunto a una en donde se puso énfasis en el individuo. Probablemente porque la actividad realizada no tenía nada que ver con la individualidad, con eso que se fue haciendo cada vez más fuerte con los siglos venideros. El anonimato fue degradado y el esfuerzo social se volcó hacia el individuo. Llegamos al siglo XXI y mucho de lo que percibo artísticamente está en ese contexto de la expresión individual.

Entiendo que es algo sumamente fuerte porque es el sistema en que nacemos - como es explicado anteriormente - es el condicionamiento social, cultural, regional y planetario en que estamos inmersos. Dicho de otro modo, es el medio ambiente en el cual nos desarrollamos y adquirimos lo que nos constituye como individuos con las características ineludibles de ese medio. Y en estas características de las sociedades actuales, el individualismo y la creencia en los individuos está a la base de todas ellas.

En mi proceso personal valoro los esfuerzos conjuntos. Me dejan un registro muy especial de una suave alegría y de complementación. Por supuesto puedo concebir producciones artísticas que no estén en esa franja, sin embargo, me parece interesante todo lo que es colectivo por la dirección que tiene y a lo mejor en un futuro no muy lejano el quehacer artístico se desarrollará a través de las actividades conjuntas.

En algunas producciones artísticas se plasman a veces los mejores intentos humanos y muchas veces coinciden estos intentos con búsquedas supra personales, con intuiciones de otros espacios y tiempos, con concepciones que se alejan a veces dramáticamente de lo que es impuesto por el momento histórico, con elaboraciones que tienen resonancia con lo que no es individual, sino más bien colectivo. Más o menos eso es lo que pretendo comunicar cuando me refiero a la dirección que puede tener el arte.

Varios años atrás, a principios de este siglo, un grupo de amigos y amigas creamos un colectivo cultural y artístico que lo llamamos “Antoja”. Hicimos muchas presentaciones, retiros, conversaciones, producciones conjuntas, etc. pero nos complicamos con la imagen del colectivo y después de algunos años decidimos disolverlo. Siempre he tenido la impresión de que a pesar de tal disolución en el 2005 mucho de lo que se hizo colectivamente y muchos de los intentos más interesantes en llevar lo “artístico” a un nivel más allá de lo personal, sin “despersonalizarse” fue algo importante, distinto y muy querido.

O sea, producir individualmente en un contexto grupal, en una dirección similar , con una perspectiva global y un sentimiento humanista profundo. Pienso que ese primer intento no ha sido en vano y ha quedado como un peldaño en el proceso de sacar el arte del contexto individualista y personal en que ha estado por siglos y llevarlo a una esfera comunitaria, colectiva y definitivamente en una dirección que refleja lo espiritual y social complementariamente.

Hablo de lo espiritual en un sentido muy amplio y no necesariamente religioso. Es casi imposible en esto que afirmo del arte no tener experiencias de gran inspiración y también es casi imposible no ver que históricamente mucho de lo construido artísticamente ha sido el producto de la inspiración. Esa inspiración es la que saca al artista del mundo convencional y a veces profundas revelaciones interiores aparecen conectadas como están con lo intuitivo y lo que va más allá de lo que percibimos con los aparatos sensoriales y estas producciones se plasman en lo que conocemos como poesía, pintura, música, teatro, ensayo, escultura, etc.

Casi me atrevería a decir que lo sagrado se puede expresar a través del arte que es concebido más allá de lo individual y paradojalmente transforma al individuo a su vez.

Quizás lo más importante en todo esto del arte es también lo más sencillo y lo más obvio. Se puede resumir en una corta frase de respuesta a una pregunta.

Pregunta: “Y para que todo esto?”

Respuesta: “Es un intento más en establecer una comunicación…”

FOTOS DE RAFAEL EDWARDS

martes, 1 de agosto de 2023

Unidad

 

El asunto de la unidad, de lo unitivo es un tema extenso cuando se lo trata de forma intelectual y es mucho más sencillo cuando se lo puede experimentar. ¿Cómo puedo entonces experimentar esta unidad interna que aparece a veces tan elusiva?

No es algo que se pueda explicar bien, debido a la naturaleza de lo que se experimenta pero puedo tratar de definir algunos aspectos que la hacen posible como experiencia. El lío con todo esto es casi siempre referido a las expectativas que se forman de manera inconsciente alrededor de las palabras usadas, al mismo tiempo que esas mismas palabras pueden aclarar mucho el tema en sí. Muchas veces nos referimos a nosotros como “uno” - “uno se levanta y toma desayuno”, “uno se enoja”, por ejemplo. La palabra “unidad” tiene también significado externo. Se la considera como un “todo”. Se habla de la “unidad básica”, de la “unidad de fomento”, de la “unidad de los pueblos” (a pesar de que no existe), etc.

De un modo u otro, lo que percibimos como unidad tiene características que nos dan la sensación de tranquilidad, de orden, de paz, de armonía, de un todo, de originalidad ( a veces), etc. pero no siempre caemos en cuenta de un aspecto casi determinante que no aparece en las descripciones y tiene que ver con la relación con el medio. Ninguna de esas palabras y sensaciones existen separadas de nuestra interacción con el mundo. En palabras más simples, sentimos o no sentimos unidad interna cuando hacemos algo. Es en el hacer, en la acción, que nos damos cuenta de lo que sentimos. Es en la interacción con otros seres humanos donde verdaderamente podemos registrar la unidad o falta de unidad interna.

Esa acción se la considera “válida” si logra producir el registro de unidad y la validez no está dada por una moral, una religión, una ética o una regla social. Tiene poco que ver con lo epocal, a pesar de la enorme influencia que ejerce sobre cada persona.

El registro de la acción válida es aquel que se experimenta como unitivo; es aquel que da al mismo tiempo sensación de crecimiento interno, y es también aquél que se desea repetir porque tiene sabor de continuidad en el tiempo.
Visto de otro modo, la acción válida no es circunstancial y no es temporal. Funciona por repetición, por gusto y se proyecta en el futuro. Y eso, además de producir unidad interna, produce acumulación de actos dentro de uno.

En el lado opuesto está lo que no es unitivo y como se experimenta, cómo se siente eso, es muy parecido a estar dividido internamente. La división interna entre polos de tensión produce lo opuesto de la unidad, o sea la contradicción. Uno lo experimenta como confusión, como desequilibrio, a veces como irritabilidad, otras veces como decepción, muchas veces como estrés y así siguiendo. Es bueno notar que todos estos registros son mucho más fáciles de experimentar que los de unidad interna.

Se podría decir que en mucho de lo contradictorio está presente el sentimiento de que a uno “le falta algo”. Y se expresa en frases o pensamientos silenciosos como: “No tengo suficiente…”; “Si tuviera…”; “No me gusta ser tratado así…”;”No es mi culpa que…”; etc. La carencia o lo que “no es” casi siempre está presente. O sea el prisma con que se percibe a uno mismo, a otros y al mundo que me rodea es negativo o carencial. Peor aún, cuando “obtengo” lo que soñaba con tener, no dura mucho esa felicidad tan buscada y vuelvo nuevamente a imaginar un nuevo deseo. La contradicción se nutre del deseo y de lo que imagino que no tengo.

Lo unitivo o la “felicidad creciente” (la felicidad estática no parece existir), el acuerdo con uno mismo son posibles cuando hay menos deseo, menos sufrimiento y por sobre todo cuando mis acciones en el mundo terminan en otros y no en mi.

Creo que es importante mencionar el hecho que el deseo produce contradicción y sufrimiento, no significa que uno no tenga deseos, sino que lo adecuado es ir disminuyendo, “elevando y purificando” el deseo. Muchos de los impulsos que tenemos pueden ir en una dirección unitiva si los empujamos en esa dirección, si los vamos convirtiendo y depurando. Después de todo, se empieza siempre con lo que uno tiene, de otro modo quedamos atrapados en el exitismo y en la carencia.

viernes, 14 de julio de 2023

El Dinero es Todo




En 1998 escribí una novela bastante autobiográfica e indudablemente aburrida para prácticamente todo el público ya que el interés mayor que en ese momento tuve, no fue el de escribir sino el de tratar de entender mejor lo que me había sucedido en mi vida. Creo que de alguna manera lo logré ya que adquirí una perspectiva distinta sobre los acontecimientos de mi vida y eso siempre es bueno. Uno de los capítulos fue titulado “El dinero es todo” y la verdad es que al leer el capítulo nuevamente, no se entiende muy bien porque le puse ese nombre ya que no es algo explícito sino sugerido. Bien sabemos cómo funcionan las sugerencias…bastante mal por lo general.

Hace algunas semanas ese título ha vuelto a rondar en mi cabeza pero de una manera distinta de hace 25 años atrás. Esta vez no es tan vago sino algo que aparece todos los días y explícitamente en conversaciones, lecturas, intercambios y especialmente cuando contemplamos el espectáculo deplorable de un sistema global en crisis. Un sistema que ha abandonado al ser humano casi por completo y el valor central, indiscutible y perversamente aceptado, es el dinero.

Todo se arregla y se destruye con dinero y esto que parece ser solo una especie de slogan medio izquierdista para los partidarios de lo político y “liberal” para los más “conservadores”, ha dejado de serlo y es ahora una realidad definitivamente asfixiante, nefasta y trae consigo un deterioro del tejido social que recién entonces estamos des-cubriendo. Es solo la punta del témpano. Lo más significativo es que no tiene nada que ver ni con lo político o lo no político. Es un asunto estrictamente ético pero hemos sido enseñados a pensar que lo ético corresponde casi a lo religioso, de manera que nunca vemos las raíces de los problemas. Nos quedamos en las superficies que solo aceptan etiquetas, descripciones dudosas o frases hechas correctamente aceptadas y sin ninguna profundidad.

No hay ética que valga sino se toma en cuenta al ser humano. Es precisamente el ser humano el que puede crear, aspirar y construir una ética a su servicio y no al revés. A pesar de todos los esfuerzos hechos por imponer una ética a través de la historia, esos esfuerzos han sido en vano. Precisamente porque lo ético no es algo impuesto, no puede venir ni de lo alto o de lo bajo, sino de los seres humanos en relación recíproca con otros seres humanos. Quiero decir que una ética solamente funciona cuando proviene de una comprensión sencilla que lo más importante es el ser humano y eso que digo se registra verdaderamente cuando el trato que doy a otros es el trato que yo quiero para mi. Este valorar al otro como si fuera uno, es la base de una ética al servicio de la humanidad.

Si lo ético ha dado nacimiento a los “derechos” con todas las complicaciones y virtudes del caso, es significativo si esos “derechos” comienzan y terminan en los individuos. Desgraciadamente no es así. El sistema socio económico en que vivimos considera los “derechos” simples de las personas mucho menos de lo que considera los derechos de una corporación o negocio cualquiera. Todo esto que se lo llama “libre mercado” en términos económicos y está basado en el concepto de “competencia” que da libre entrada a la explotación de los que detentan el capital y los recursos, está a punto de desintegrarse porque no da respuesta a los problemas de las sociedades de hoy y está en franco deterioro, especialmente en las nuevas generaciones. Si existieron en su momento algunos beneficios de este sistema económico, hoy en día no existen. No puedo alargarme en paginas y paginas explicativas de como este edificio economico se esta derrumbando pero creo que es bastante evidente para todos que el desempleo, la violencia física, la drogadicción, la falta de techo y salud en sociedades supuestamente “avanzadas”, la sensación generalizada de inestabilidad y peligro, la imposibilidad de cuidar el medio ambiente, la desigualdad enorme entre ricos y pobres, son la evidencia que este sistema ha fracasado rotundamente.

Los fracasos son positivos si se los reconoce como tales. Dan la posibilidad de entrar a una nueva etapa. Si no se los reconoce, entonces son destructivos y generan todo tipo de violencia. Está por verse cómo enfrentaremos esta crisis pero sin duda alguna y siguiendo la mecánica de la historia brillantemente presentada por el filósofo Ortega y Gasset, serán las generaciones que en este momento están sin acceso al poder las que decidirán estas cuestiones. Es posible que un nuevo paradigma aparezca. Es posible que una nueva ética aparezca y desplace la competencia en favor de la colaboración. Es posible que mis derechos empiecen y terminen en los derechos del otro. Es posible que lo comunitario tenga un valor más profundo que lo individual. Es posible que las corporaciones desaparezcan y den paso a las cooperativas. Es posible que el trato que demos a otros será de acuerdo a cómo queremos ser tratados.

De hecho, todo es absolutamente posible si hay una transformación interna en los individuos y verdaderamente se construye una sociedad a partir de lo que nos hace verdaderamente humanos. Nada de esto se puede imponer. Necesita nacer, crecer y desarrollarse a partir de un centro de gravedad que es interno y que corresponde a todo ser humano. Es un centro de gravedad que tiene como valor central -- o sea ético -- el tratar a los demás como uno quiere ser tratado. Es a través de esta acción y registro verdadero que se comprende lo divino, lo sagrado, lo ético y todo aquello que se busca fuera de nosotros, sin darnos cuenta que en realidad está adentro y presente en cada individuo que nace en este planeta. Cuando seamos capaces de reconocer todo esto, es cuando se puede producir una ruptura histórica y construir un mundo nuevo en base a lo que nos hace verdaderamente humanos.

Este reconocimiento es accesible a todos sin distinciones de ningún tipo y si se hace un pequeño silencio interno, puede expresarse en el mundo en que vivimos.

El dinero es solo un instrumento y como tal puede ser usado de muchas formas. El uso y abuso que se le ha dado especialmente en el siglo anterior y en el que estamos, nos ha llevado a la crisis -- que muchos no ven ni quieren ver -- pero que indudablemente se está manifestando y seguirá manifestándose hasta que se produzca verdaderamente esa ruptura histórica de la cual hablábamos en donde todo poder de uno o más seres humanos sobre otros seres humanos sea abolido. “Cuando se elimine socialmente la posibilidad del ejercicio del poder del hombre sobre el hombre, las generaciones cesarán en su milenaria lucha, para ejercer únicamente el poder sobre la naturaleza. Ese será el momento de la ruptura del encadenamiento histórico” ** y una nueva “forma” de relación aparezca y sea efectivamente el centro de gravedad de una nueva civilización.

Me parece importante aclarar que el “poder sobre la naturaleza” es el poder de la protección y no de la extracción. El medio ambiente -- o naturaleza -- al ser parte intrínseca nuestra, necesita del mismo cuidado que nuestro cuerpo necesita. Si hasta ahora hemos contemplado el suicidio con una angustia inexplicable, no es diferente a la forma que se ve al medio ambiente. Y esto es así porque la estructura ser-humano-medio es indivisible. La estructura humanidad-planeta es igual. La estructura sol-sistema planetario, lo mismo y así siguiendo. Nada existe en el vacío, nada existe por sí mismo. Toda existencia está en relación dinámica con otras existencias de diferente constitución y magnitud. La posible armonía entre existencias produce las mejores condiciones para cualquier desarrollo, pero esto es un tema para otra divagación. Por ahora, “el dinero es todo” y todo esfuerzo por una situación distinta, empezando por nosotros mismos y el trato que damos a otros, podría en definitiva cambiar esta ecuación desproporcionada en que nos encontramos. Esto tan sencillo se llama verdadera Solidaridad y es la contrapartida al egoísmo, el aislamiento, la competencia, la explotación, la desconfianza, la discriminación y el abuso.

Veremos…


** Exordio del Poder Joven

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

domingo, 4 de junio de 2023

Intuición




Contemplando el jardín en una mañana de primavera hace unos días atrás, súbitamente tuve la impresión de que todo lo que estaba viendo estaba organizado perfectamente. A pesar de la diversidad enorme entre todas las plantas, las flores, los arbustos, los árboles, etc., todo crecía y se multiplicaba en un orden hermoso, armónico e inspirador.

Entonces me tuve que preguntar si lo que yo veía era así como se me presentaba, o era mi conciencia la que organizaba todo de esa forma. En otras palabras, todo ese orden tan armónico e inspirador estaba en la naturaleza misma del jardín o era yo el que lo percibía de esa manera.

No me di ninguna respuesta inmediata porque en ese momento me pareció más adecuado seguir preguntando. Las rosas y casi todas las flores que estuve observando crecen desde un centro hacia afuera, pero tanto “el centro” como “el fuera” son conceptos que existen en mi conciencia y a lo mejor en otro mundo no existen ni los centros ni el adentro, el afuera, el espacio, la noche, el dia y todos los otros miles de conceptos que me hacen tener una visión de lo que está “en” mí y “fuera” de mi. Peor - o mejor - aún, como puedo saber con certeza de que verdaderamente existe un afuera y un adentro si todo lo percibido por mis sentidos está siempre configurado por lo que he aprendido y por lo que recuerdo.

Seguí preguntandome y me di cuenta que el preguntarse simplemente es algo que normalmente no hacemos. Estamos tan condicionados a responder que me sorprendí de esta forma de estar en el mundo (por decirlo de alguna manera) y de comprender aunque fugazmente que en realidad estaba teniendo una experiencia muy sencilla de “apercepción” - como se llama a este fenómeno de caer en cuenta que todo lo que percibimos a veces puede incluir al que percibe. Entonces uno escucha una música, o ve una flor, o una fragancia es percibida y al mismo tiempo uno se da cuenta que está percibiendo todo eso. Al hacer eso intencionalmente - el percibir a través de los sentidos al mismo tiempo que uno se “percibe a sí mismo”, es interesante porque produce en uno una sensación de estar presente que supera lo habitualmente conocido como “estar presente”.

Así, sumido momentáneamente en esta sensación de real presencia, también tuve una intuición. Además de todo este entendimiento sobre los conceptos y el mundo que me rodea, tuve la intuición de que verdaderamente hay un orden en todo lo existente. Uno tiene intuiciones, o como se llamen estas experiencias, de todo tipo y en general no pasan de una expectativa, de un adivinar algún evento del futuro, etc. y esta vez se me presentó de manera distinta. De cierta forma en que al estar comprendiendo mi relación con el mundo, se dio esa intuición que no era algo exacto sino más bien un sentir difuso pero cierto de que todo tiene un orden, una dirección y un sentido…incluyéndome.

Esa estructuralidad (así se refiere mi amiga Isabel a este otro fenómeno), no explica la inclusión de uno mismo en el acto de percibir sino la inclusión de los opuestos que existen en lo percibido. En otras palabras, el adentro y el afuera son parte de una estructura indivisible en su verdadera esencia. Existen como conceptos separados porque necesitamos entender y nombrar lo que percibimos y si, se manifiestan de forma separada pero no existen verdaderamente así. Esa existencia estructural de lo percibido a veces se revela y es cuando tengo esa comprensión más profunda que existe algo más allá de lo que percibo porque de otro modo no podría explicarme la intuición de que eso existe. Este fenómeno llamado “intencionalidad” * fue parte de la enseñanza escolástica de la edad media y reflotada en el siglo XIX por el suizo Brentano ** y explica que en todo acto de conciencia existe una intencionalidad referida al objeto pensado. Uno no solo piensa, sino que el pensar es siempre sobre algo y ese algo es un “objeto” para la conciencia. De este modo el acto de pensar y el objeto pensado pasan a ser una estructura llamada “acto - objeto”. Para la conciencia esto de los actos y los objetos es importante porque explica su funcionamiento, sus mecanismos y sus posibilidades de trascender estos mecanismos y en esa posibilidad aparece una nueva forma de ver al mundo y de estar en el mundo. Todo esto que torpemente trato de explicar a partir de una simple observación, fue magistralmente expuesto en una serie de tres conferencias dadas por Silo en el año 1972 en Argentina y Chile. Se llamó a esas conferencias “Meditación Trascendental” *** y ha sido para mi uno de los hitos más importantes de mi vida porque abrió una puerta a temas que nunca imagine podrían ser tan profundos espiritualmente hablando.

De hecho, el concepto simple de “estructura” es algo que tiene un alcance espiritual insospechado cuando es solo un concepto, pero en su aplicación práctica en el mundo de los seres humanos, revela una dimensión mucho más amplia en donde los opuestos se reconcilian y todo lo existente se ordena en un sistema que lo comprende todo. Esto no es menor, especialmente cuando el derivado más importante se expresa a través del principio de solidaridad que invita a tratar a los demás como uno quiere ser tratado y de ese modo uno se libera. O el principio de conformidad que explica que si el invierno y el verano, el día y la noche, están bien con uno, entonces hemos superado las contradicciones. Y finalmente (para hacer este escrito breve) el principio de negación de los opuestos: No importa en que bando te han puesto los acontecimientos, lo que importa es comprender que no has elegido ningún bando.

Volviendo al jardín de las flores y plantas, volviendo a esa observación simple de la naturaleza y volviendo a esa intuición de que existe un orden que lo comprende todo al mismo tiempo que me doy cuenta de todo eso, tengo que seguir estas intuiciones porque ellas tienen el poder de acercarme a una comprensión del mundo que es inspiradora y en un cierto sentido, una fuente de reflexión que la considero como insustituible.

Finalmente - a pesar de que no hay ningún fin en todo lo que digo, caí en cuenta que esta intuición a la cual había accedido es algo que no me pertenece en absoluto, sino más bien, algo que pertenece al género humano cuando las compulsiones se aquietan, el ruido interno se acalla y esa sensación de estar presente en el mundo se acentúa.

Es en esa especie de silencio interno que estas intuiciones se manifiestan. Un silencio interior que también pertenece al género humano y que gracias a él, la posibilidad de adquirir nuevas perspectivas es posible.

*     https://es.wikipedia.org/wiki/Intencionalidad

**    Franz Clemens Honoratus Hermann Brentano (Boppard, 16 de enero de 1838 - Zúrich, 17 de marzo de 1917) fue un filósofo, psicólogo y sacerdote secularizadoa​1​ alemán, hermano del economista y reformador social Lujo Brentano y sobrino del poeta y novelista alemán Clemens Brentano y de su hermana Bettina von Arnim. Discípulo de Bernard Bolzano, defendió la tesis de la intencionalidad como rasgo característico de los fenómenos psicológicos (a diferencia de los fenómenos físicos), dando lugar a la llamada «escuela austriaca de la psicología del acto», en la que se encuadran psicólogos como Alexius Meinong o Christian von Ehrenfels, precursor de las «Gestalten» –que serían posteriormente tematizadas por los psicólogos de la Gestalt–.2​ En sentido más amplio, se habla de la «escuela de Brentano» para referirse al numeroso grupo de intelectuales que recibieron el influjo de Franz Brentano y que dan lugar a nuevas escuelas, entre los que se cuentan Edmund Husserl (fenomenología), Sigmund Freud (psicoanálisis) o Rudolf Steiner (antroposofía).3​

***   Quinto paso

“Ver en la memoria la tendencia”.

La forma mental es intencional y trabaja actualizando memoria. Descubrimiento de la intencionalidad que liga actos a objetos mentales y de la acción de la memoria sobre toda la estructura acto-objeto.

Ver en la memoria la tendencia. Experimenté que toda representación y, en general, todo objeto de conciencia, está relacionado con actos. Y que las retenciones de la memoria se actualizan de continuo frente a cualquier nuevo acto que se proponga a la conciencia. Todo acto de conciencia trabaja con retenciones, actualizaciones o protensiones.

Es decir la conciencia trabaja recordando, actualizando, o futurizando. Existen innumerables combinaciones de tiempos en la conciencia. Pueden existir tiempos de conciencia “pasado-futuro” pero que yo actualizo a la vez. Por ejemplo: en este momento, ahora, recuerdo cuando era niño, qué pensaba ser cuando grande: ingeniero. ¿Observan ustedes? Combinaciones de este tipo son muy frecuentes en la conciencia. Todo acto de conciencia que se mueve en el instante presente, siempre va involucrando protensiones y retenciones. Todo acto de conciencia, aun cuando trabaje futurizando, lo hace siempre actualizando memoria. Los datos que tengo para futurizar son también datos grabados en la memoria, y la imagen del futuro que pueda tener y los proyectos que yo alimente, están basado en datos de la memoria.

 Si ustedes se imaginan el mundo del año cinco mil, de todas maneras lo imaginan con datos que tienen grabados y que ustedes combinarán de modo especial. Producirán síntesis que, claro, no se dan en la vida cotidiana de hoy mundo siglo veinte, pero trabajarán con los datos grabados en la memoria. Esta tendencia de la memoria a surgir, a completar actos, es inevitable. Y no depende de ella misma. Allí descubrí el mecanismo de intencionalidad que se manifiesta también, por sobre todo, en la memoria. (pág. 75-78 libro de M.T. - Silo).


martes, 16 de mayo de 2023

Vómito


Hay personas que piensan, en realidad no piensan sino creen, que las guerras son inevitables. De hecho si estas queridas personas pensaran, llegarían a la sana conclusión de que no solo son evitables, pero además son nefastas e innecesarias para el progreso de la humanidad. Digo que creen porque es en realidad una creencia que no tiene un asidero lógico, a pesar de los esfuerzos que se hacen por justificarlo con argumentos aparentemente lógicos. Y estos argumentos han llegado a proponer que la mejor forma de resolver conflictos entre jóvenes es darle a cada uno unos guantes de boxeo y que se peguen hasta que uno de ellos sobreviva a todos los golpes. En otras palabras, la desdichada ley natural del dominio por la fuerza o también llamado “Ley de sobrevivencia del más fuerte” - más sobre esto, en el futuro…

Esto se ha hecho sin los resultados esperados y en vez de resolver el conflicto, se agrava. El “ganador” tiene que mantener su ganancia y el “perdedor” naturalmente humillado buscará la venganza de una u otra forma hasta convertirse en “ganador” y el ciclo se repite con los roles cambiados pero con las mismas consecuencias para ambos.

En 1929 Erich Maria Remarque, un joven alemán escribió una novela extraordinaria sobre su experiencia en la llamada “Gran Guerra” en Europa. De la novela se hizo una película en 1930 que luego fue prohibida por Hitler por el tono anti-bélico que no encajaba con su plan de conquistar toda Europa. La novela titulada “Sin novedad en el frente” es un fiel relato de lo que sucedió en el frente entre Alemania y Francia. En 2022 se hizo otra película con el mismo nombre y el mismo tema basada en la original. No soy un crítico de films ni me interesa esa parte. Lo más significativo para mi es que el lugar en donde se dio una batalla tras otra en el esfuerzo de conquistar el terreno que separaba los dos países, más de tres millones de soldados alemanes, prusianos y franceses murieron en una carnicería increíble que nunca logró avanzar o retroceder más de algunos metros en la conquista del terreno.

La absurdidad de este hecho es tan notable que a pesar de todo lo que se ha publicitado es difícil imaginarlo. Más de tres millones de seres humanos es ya demasiado y ni siquiera estamos contando a los sobrevivientes con todo tipo de traumas psíquicos y físicos. Las cifras siempre tienen ese poder alucinante de dejarnos mudos, pero luego nos olvidamos y pasamos a otra cosa.
Las tragedias se acumulan pero no son inevitables…

Hacia el año 2169 sucedió en este planeta algo bastante insólito. En plena calle, en una ciudad sudamericana, un personaje empujó a otro personaje y los observadores de esta anécdota, entre ellos, jóvenes y niños, todos tuvieron la misma respuesta. Un líquido verdoso, ácido y fétido salió de todas las bocas. Un vómito incontrolable se apoderó de aquellos jóvenes que observaron el percance y no hubo forma de contener el tipo de respuesta provocado por un incidente simple pero significativo e indudablemente violento.
Alguien sarcásticamente comentó que por suerte solo fue un empujón…

En esa década de los años 50 (pero ya en el siglo XXII) muchos cambios se sucedieron en una humanidad que había logrado superar las idioteces y las dificultades de los siglos pasados y uno de los grandes logros fue la conquista de la violencia. No fue fácil ni tampoco delicado y mucho menos decoroso, pero así son las cosas en nuestra especie.

Por muchisimas razones que no vienen al caso por la brevedad de este escrito, las generaciones nacidas en esa década “vinieron al mundo”, como se suele decir, con un mecanismo biológico que nunca había existido antes y se modificó genéticamente como una reacción visceral a todo acto de violencia física. En frente a cualquier situación de violencia física, se producía un vómito incontenible como el ya descrito anteriormente y el comentario sarcástico en realidad tenía su razón de ser.

Quizás lo más importante es que el asunto no terminó ahí. Ese rechazo físico a la violencia creó las condiciones mejores para un repudio a todas las formas de violencia que habían existido y todavía existían en esos años. La verdadera y acabada comprensión de que la raíz de toda violencia (económica, física, sexual, religiosa, etc.) estaba en el mecanismo del deseo fue también parte del circuito interno con el cual las nuevas generaciones nacieron y crecieron.

Para los ingenuos o los que protestan inmediatamente al escuchar cosas de esta naturaleza, es bueno aclarar que el descubrimiento de las raíces de la violencia no significó que tal violencia desapareciera mágicamente y que de súbito nos encontramos en un paraíso social. Fueron tiempos muy duros y penosamente el ser humano avanzó, paso a paso, metro a metro hasta lograr un cambio no solo sicologico sino también físico. Esos pasos y metros fueron tan duros como los dados en la gran guerra pero con una intención totalmente diferente. La náusea típica que se produce a raíz de la confrontación con algún elemento peligroso para el cuerpo era rechazado en esa forma. Como náuseas. Curiosamente en los siglos anteriores, especialmente antes del XX, la náusea era considerada una debilidad y en ciertos lugares era una debilidad “femenina”. Así de mal andaban las cosas en nuestro planeta.

Sin embargo, como se dijo anteriormente, llegamos dificultosamente a la comprensión de muchas cosas y a la transformación del ser humano en un ser “verdaderamente Humano” en donde la característica más importantes fue el reconocimiento absoluto de ser una sola especie y nuevamente, para apaciguar las protestas de este presente deshumanizado, es necesario entender que este proceso tomó tiempo, energía y no avanzó linealmente sino con muchos altos y bajos, con muchas “caídas” y “levantamientos”, con mucho esfuerzo, especialmente en el campo de la verdadera comprensión de quiénes somos y que lugar ocupamos en este universo.

Ese vómito incontenible fue el producto de muchos años de acumulación de ciertas formas de comportamiento que podríamos llamar “unitivas”. Ese comportamiento unitivo transformó la energía interna de aquellos que se abocaron a tal tarea y como consecuencia de las leyes físicas y de otras menos conocidas, se produjo un cambio energético y de redistribución de esa energía en un cuerpo más apto para manejar tal energía y en una lucidez interna que fue una novedad para nuestra especie.

Recién entonces tuvo verdaderamente sentido los grandes proyectos que parecían inalcanzables un siglo atrás. Recién entonces fuimos capaces de explorar el universo no solo porque logramos la tecnología adecuada y tuvimos fuentes inagotables de energía a nuestro alcance, sino también porque logramos transformarnos a nosotros mismos como especie, grupo e individuo.

Cuando dejamos de creer en la muerte, la vida se manifestó en todo su esplendor y caímos en cuenta de que era imposible “matar” y vivir al mismo tiempo, tuvimos que elegir y elegimos “vivir”. Esa elección consciente y motivada por comprensión y no por temor, creó las condiciones para el cambio en nuestra especie. Pero todo comenzó cuando dejamos de justificar todo acto de violencia y pusimos grandes esfuerzos en erradicarla en nuestro interior. No fueron necesarias las leyes, los controles, la represión, ni nada de lo que conocíamos como mecanismos para mantener la violencia “a raya”. Fue un esfuerzo humano, de gran cuidado y reconocimiento que “toda existencia individual era posible por la existencia de otros”. Ahí empezó el camino ascendente y el rechazo a toda forma de violencia que luego pasó a ser un mecanismo biológico de protección para ese nuevo cuerpo con una nueva conciencia que comenzó a surgir en nuestro planeta.

Continuará…
FOTO DE RAFAEL EDWARDS

Sacrificio

Tengo la impresión de que lo peor del llamado “sacrificio” es que es en vano. Estoy muy claro que lo que digo puede ser considerado como una...