domingo, 1 de febrero de 2026

Libertad

 

 En enero de 1969 Silo dio una breve charla en Quintero, un pueblito costero de Chile. Estas fueron sus palabras al comienzo de la charla: “Aprende bien lo que voy a decirte: no hay hombres buenos ni hombres malos. Donde no hay libertad no hay bien ni mal, todo sucede a pesar del hombre. Entiende que no eres libre en el momento de tu nacimiento, ni cuando amas, ni en el momento de tu muerte.”

Para mí, ese comienzo fue un gran descubrimiento cuando me encontré con estas palabras un año después en un pequeño libro titulado “Silo y la liberación”. 

Es cierto que nadie elige nacer y nadie elige donde nacer tampoco.

Nadie elige en que familia nacer ni en que sustrato social tampoco.

Nadie elige en que sustrato económico nacer ni que idioma hablar.

Quizás por esas condiciones extremas nos obsesionamos con la idea de libertad y no por la libertad en sí, sino al revés, por la falta casi completa de libertad percibida y real. No elegimos ni siquiera el color de pelo, el color de ojos, el color de piel, la constitución física y así siguiendo. No elegimos nada pero tampoco lo aceptamos o lo consideramos seriamente y es fácil convencernos de que somos “libres”. 


Interesante creencia a pesar de lo aplastante que es la realidad enfrente de esa creencia. No solo aplastante, sino increíblemente determinante.

Sin embargo, a pesar de toda la evidencia absolutamente obvia, la creencia persiste porfiadamente y ciegamente. Ni siquiera elegimos nuestro nombre y apellido. Todo, absolutamente todo, es dado, no es elegido.


Creerse libre y quererse libre son actitudes bastante diferentes y llevan consigo una profundidad muy distinta. Mientras una actitud se fundamenta en una creencia sin asideros - o sea “infundada”, la otra se basa en una realidad que a pesar de ser brutal, es correcta. Todos debemos luchar por querernos libres ya que claramente no lo somos.

Esa simple aceptación nos lleva a comprender mucho de lo que llamo “condición de origen”. La libertad (entre condiciones) si fuéramos justos en su apreciación, existe solamente si hay un esfuerzo permanente en la dirección de la liberación de las condiciones a la cuales estamos sujetos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.


Existe un esfuerzo por modificar algunas de estas condiciones que son las más superficiales y que no aportan mucho a la liberación propuesta. Puedo cambiarme el color del pelo y de los ojos, puedo usar zapatos que me hacen parecer mas alto, puedo cambiar - con dificultad - el sexo con el que naci y sin duda hay formas de cambiar nuestra apariencia. No por esos cambios somos más libres. No tengo nada en contra de ninguno de estos cambios mencionados, todo lo contrario, pero acepto que no hay una transformación que vaya en la dirección de una liberación más profunda que se manifieste más que nada en un comportamiento y en una forma de estar en el mundo. 


Si admito con sinceridad mi falta de libertad, me doy cuenta que hay otros aspectos más internos que me condicionan y son esos precisamente los que vale la pena transformarlos porque eso sí se puede hacer. Entonces, quererse libre es quererse internamente de la mejor forma posible.

Esa forma es coherente. O sea, va en una dirección evolutiva, va en una dirección unitiva internamente.


La libertad es uno de los anhelos más interesantes que podemos tener. La libertad, o mejor dicho, la liberación, es una aspiración que tenemos desde que adquirimos la capacidad de sentir y pensar. Y precisamente porque es una aspiración humana, es importante concebirla correctamente y por eso mismo es un proceso el de la liberación. La libertad estática no existe, pero sí existe ese trabajo que va desde lo menos libre hacia lo más libre. 


Otra forma de verlo es la liberación de las condiciones opresivas impuestas por el medio, por la sociedad, por nuestro propio cuerpo y por nuestra propia mente. Las condiciones impuestas por el medio y por el cuerpo pueden ser aliviadas y en algunos casos, resueltas, a través de correcta aplicación de la justicia y del avance científico. La liberación de las condiciones opresivas impuestas por nuestra mente y emociones solo puede ser aliviada y resuelta por un trabajo personal en la dirección de comprender cabalmente nuestras limitaciones y ejercitar un trabajo sostenido de ir transformando todo eso que nos impide ser libres internamente, ya que todos esas “dificultades” producen sufrimiento interno y es ese sufrimiento el que impide la verdadera manifestación de la mente, del verdadero espíritu, del verdadero amor y de la verdadera compasión.


¿Y cómo puedo “dejar ir”?

¿Cómo puedo “soltar”?

La respuesta más sencilla pero más verdadera es: Haciéndolo, practicandolo…

Cuando estoy en presencia de lo que me hace sufrir, es casi siempre un temor a algo, o una vaga sensación de inseguridad interna, una manifiesta “indignación” por ser cuestionado, una enorme gama de emociones que no son de paz interna ni de acuerdo conmigo mismo. Muchísimas para ser explicadas en este breve escrito, pero todas ellas las siento internamente como violencia y la raíz de la violencia está en el deseo.


He tratado de aprender a reconocerlas y aprender a soltarlas. En el aprender a reconocerlas hay todo un trabajo atencional puesto en mis respuestas al medio, en mi interacción con otros y conmigo mismo. Muchas veces me trato a mi mismo mal y eso no ayuda. Necesito soltar mi juicio interno. Necesito soltar las ideas que tengo de mí mismo, necesito dejar ir mis creencias y mis justificaciones.

Necesito dejar ir mis rencores, dejar ir la imagen que tengo de mí mismo, mis temores, resistencias, ilusiones, desilusiones, resentimientos, frustraciones, obsesiones, prejuicios, las ideas que tengo acerca de todo, etc.


En palabras simples, dejar ir a lo que conforma mi núcleo de sufrimiento, mi generador más grande de deseos frustrados.

Y cuando soy capaz de hacerlo - aunque brevemente - y en otros casos más permanentemente, he notado que un gran vacío es creado internamente que me permite aprender, escuchar y observar de una forma distinta y quizás lo más importante es que tiene el sabor a libertad. Cuando no necesito defender nada acerca de lo que creo ser o tener, es cuando experimento verdadera libertad interna.


No vale la pena hablar de todo esto sin tener ninguna experiencia. Es indispensable hacerlo y así poder experimentar lo que se propone y mientras más sean los esfuerzos sostenidos en esa dirección, más fuerte es el sentimiento de liberación y tales esfuerzos valen la pena completamente.



Febrero 2026

viernes, 9 de enero de 2026

Espiritualidad

 



“EL ESPÍRITU ES EL NUEVO PRINCIPIO EN EL SER HUMANO.” SILO

Según la vida que vivimos:
Si es centrífuga, tendrá una estructura básica sin desarrollo.
Si es centrípeta, el espíritu evolucionará sin límites y obtendrás lo que deseas.

El concepto de “espiritualidad” es, en general, difícil de definir. Parece que es tan amplio y a veces tan personal que complica el intento de definirlo. Sin embargo, hay una ceremonia en el Mensaje de Silo que explica, al menos, la espiritualidad desde la perspectiva del Mensaje.
El Reconocimiento es una ceremonia de inclusión en la Comunidad; inclusión a través de experiencias comunes e ideales, actitudes y procedimientos compartidos.
En esta ceremonia se explica el concepto de espiritualidad señalando otras formas conocidas como “espirituales” pero que no son lo que entendemos por espiritualidad.
Afirmamos nuestro derecho sin negar ninguna otra forma.

“Además, así como nadie tiene derecho a discriminar a otros por su religión o su falta de religiosidad, afirmamos nuestro derecho a proclamar nuestra espiritualidad y nuestra creencia en la inmortalidad y lo sagrado.”

“Nuestra espiritualidad no es la espiritualidad de la superstición, no es la espiritualidad de la intolerancia, no es la espiritualidad del dogma, no es la espiritualidad de la violencia religiosa. Es la espiritualidad que ha despertado de su profundo sueño para nutrir a los seres humanos en sus mejores aspiraciones.”

Esta espiritualidad, o lo que podría llamarse “desarrollo espiritual”, está directamente relacionada con los puntos principales explicados en “La Mirada Interna” en el primer capítulo titulado “Meditación”.

“1. Aquí se explica cómo la falta de sentido de la vida puede convertirse en sentido y plenitud.

2. Aquí se encuentran la alegría, el amor al cuerpo, a la naturaleza, a la humanidad y al espíritu.

3. Aquí se rechazan los sacrificios, los sentimientos de culpa y las amenazas del más allá.

4. Aquí lo mundano no se opone a lo eterno.

5. Aquí se habla de la revelación interior a la que llegan todos los que meditan cuidadosamente en humilde búsqueda.”


El punto número 2 es muy importante. Primero la alegría, luego el amor. Amor por lo que nos es más cercano, nuestro cuerpo, luego nuestro entorno natural, luego nuestro entorno humano y finalmente lo intangible, que lo abarca todo, el espíritu.

El punto 3 explica que algunos elementos aceptados en otros tipos de espiritualidad no son aceptados dentro de nuestra espiritualidad, por ejemplo, los sacrificios, los sentimientos de culpa y las amenazas del más allá. Además, lo mundano no se opone a lo eterno.

“El ser humano, en su bondad, en la eliminación de las contradicciones internas, en sus actos conscientes y en una sincera necesidad de evolución, da a luz al espíritu.
El amor y la compasión son necesarios para la evolución... Quien trabaja para sí mismo con amor y compasión, también lo hace para los demás seres...”


En esta frase, la eliminación de las contradicciones internas es, desde mi punto de vista, uno de los trabajos más importantes que podemos hacer por nosotros mismos. Se ha hablado mucho sobre la bondad y la compasión, pero poco sobre las contradicciones internas. Cuando pensamos, sentimos y actuamos en una misma dirección, sentimos unidad interna, y cuando sentimos de una manera, pensamos de otra y actuamos de otra, experimentamos contradicciones internas. El esfuerzo por unificar nuestras acciones, sentimientos y pensamientos es lo que más contribuye a un verdadero desarrollo espiritual. Un comportamiento unificado o unitivo se basa en lo que llamamos “acciones válidas”.

La base de una acción válida no está dada por las ideologías, ni por los mandamientos religiosos, ni por las creencias, ni por las normas sociales, aunque todas estas cosas sean importantes en sí mismas. La base de una acción válida no está dada por ninguna de ellas, sino por el registro interno de una acción.
Existe una diferencia fundamental entre las otras evaluaciones —que parecen provenir del exterior— y esta, según los registros que el ser humano obtiene de sus acciones.
¿Y cuál es el registro de una acción válida?
El registro de una acción válida es aquel que se experimenta como unificador o integrador. Es aquel que, al mismo tiempo, da una sensación de crecimiento interno y que, además, se desea repetir porque tiene un sabor a continuidad, es decir, que continúa en el tiempo.

Es importante notar que los tres componentes son necesarios:
Experimentar unidad dentro de nosotros mismos
Experimentar crecimiento interno
Desear repetirlo porque abre el futuro
La mejor manera de enmarcar estos llamados “registros” de acciones válidas es a través de los Principios, que se centran precisamente en comprender los diferentes tipos de “acciones” y “actitudes”. Acciones comprensivas, acciones oportunas, adaptación, aceptación, placer, etc., incluyendo el principio más importante de todos: "Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti", o la regla de oro, como se la conoce comúnmente.

Estos principios no son mandamientos, no son reglas, no son una beatitud estática impresa en papel. Son formas de actuar en el mundo con unidad. Una unidad necesaria para dar a luz al espíritu. El espíritu en el ser humano es lo más importante a desarrollar.
El desarrollo espiritual conduce a la trascendencia y a lo sagrado. Lo sagrado está dentro de nosotros y a nuestro alrededor.
Trascender la muerte es desarrollar el espíritu inmortal y vivir una vida sin contradicciones internas. Es una vida significativa, alegre y de realización interior.
Al hablar de "registros", también podemos considerar "experiencias" o maneras de sentir aquello de lo que hablamos. En general, hay muchas palabras en el ámbito de lo "espiritual". Para nosotros, es importante experimentar lo que decimos.

Probablemente, una de las experiencias significativas en un sentido espiritual sea la de pedir y la de agradecer. Ambas están conectadas con el mundo en el que existimos. Cuando pedimos por los demás, cuando deseamos lo mejor para alguien a quien queremos, nos conectamos con esa parte espiritual de nosotros. Esta conexión a veces se siente como un profundo afecto por el otro. Esto es independiente de los resultados de la petición. Sentir lo humano en el otro o desear lo mejor para los demás es también una forma de desarrollar el espíritu.

El ser humano está en condiciones de desarrollarse espiritualmente sin la ayuda de formas organizadas tradicionalmente asociadas a religiones, cultos, etc. Todo lo que necesitamos en estos tiempos confusos y caóticos es una conexión con nuestra interioridad, una forma de desarrollar un centro de gravedad que sirva de brújula para navegar en nuestros tiempos. Contrariamente a la creencia popular, tenemos todas las respuestas dentro de nosotros y somos capaces no solo de este tipo de desarrollo, sino también de evolucionar como especie. Esta espiritualidad no puede concebirse como una empresa "personal". Simplemente no se corresponde con lo que sucede internamente cuando logramos experimentar este camino. Hay un reconocimiento de que no estamos solos y de que recorremos el camino con otros. Este reconocimiento surge cuando podemos interpretar libremente estos conceptos, cuando descubrimos en los demás las mismas necesidades y dificultades, cuando realmente descubrimos y seleccionamos lo mejor de nosotros mismos, cuando no hay límites ni limitaciones externas producidas por el temor y la necesidad de controlar a los demás y al mundo que nos rodea.

El desarrollo espiritual finalmente ha alcanzado la madurez en nuestra especie.

martes, 16 de diciembre de 2025

Naturaleza Humana

 

La conversación era una de esas típicas en donde se enfatiza los errores e indiscreciones morales como producto de lo que se denomina naturaleza humana. Muy a menudo se dice lo poco que se puede esperar de la naturaleza humana egoísta, cruel, mal intencionada, etc., etc. La verdad es que es bastante razonable, desde esa perspectiva pensar que esa naturaleza humana no es más que la naturaleza animal y al contemplar una larga historia de guerras, robos, esclavitud, asesinatos y demás, es dificil ver mas alla de todas esas tragedias, sobretodo cuando muchas de ellas han sido el producto directo de seres humanos intencionalmente causando sufrimiento a otros.


Es importante, desde otra perspectiva, entender que lo que vulgarmente se denomina como “naturaleza humana” proviene de una fuente religiosa y de una fuente llamada “científica”. Ninguna de las dos tienen una idea clara sobre la verdadera naturaleza del ser humano. La religión reconoce por sobre todo la naturaleza “divina” y es perfecta. Todo lo que no es divino es imperfecto y los seres humanos habiendo nacido (e incluso antes de nacer) impuros y con un pecado original a cuestas, no tienen otra posibilidad de una naturaleza humana, imperfecta, egoísta, y llena de todos los posible atributos negativos que se pueden encontrar. 


En la medida en que estos seres humanos aceptan a un dios como su salvador personal, pueden evolucionar un poco más, pero su naturaleza nunca será divina, porque lo divino está solo reservado para dios. Nunca se toca el tema de que en realidad todo esto está efectuado a través de intermediarios, o sea los sacerdotes, representantes, acólitos, hermanos y hermanas, o como quieran llamarse. Dios no se manifiesta sino a través de intermediarios. Es sumamente conveniente este sistema y no deja de ser sospechoso, especialmente cuando se considera el enorme poder económico acumulado por siglos por las llamadas religiones.


La otra fuente que se dice cientifica es mas reciente y tiene (o tuvo) la teoría de que los seres humanos descienden de los animales. El ser humano es por consiguiente, un “animal racional” y no más que eso. Descendemos de los primates y hasta ahí nomás llegamos. Es comprensible cuando se considera que los chimpancés y los bonobos comparten con los seres humanos casi el 99% del ADN. Es una teoría antigua, interesante para los naturalistas y sin duda poco interesante para los que piensan y sienten que el ser humano es bastante más que eso.


A pesar de que en general cuando se habla de una naturaleza humana no se está pensando en sus orígenes religiosos-científicos, se da por entendido que es lo peor que tenemos como humanos…nuestra naturaleza.

Algunos pensamos y sentimos que nuestra naturaleza no existe verdaderamente. El ser humano no es solo parte de la naturaleza. De hecho, desde sus orígenes se ha ido separando del mundo natural. Todos los impedimentos naturales han sido oportunidades para conquistarlos y así aparece en los siglos presentes surcando los mares, volando en el aire, llegando a otros planetas, en constante desafío a las leyes naturales. No es posible ni siquiera una comparación con lo que es dado, lo natural, porque el ser humano a pesar de tener un cuerpo más o menos natural, ha ido siempre más allá de su supuesta naturalidad. Ni el cuerpo ni el medio ambiente han sido capaces de superar las intenciones humanas que no pertenecen al ámbito natural. Por supuesto todo esto se puede ver desde una perspectiva negativa, pero también se puede ver desde una perspectiva positiva y esto es posible porque ambas perspectivas son válidas. 


Esto es posible porque cuando se comprenden los polos en una sola estructura, la perspectiva cambia y deja de buscar absolutos. En palabras simples, casi todo lo que existe puede tener su opuesto. La noche se opone al día, el frío al calor, lo claro a lo oscuro, etc. Todos los opuestos se reconcilian en una estructura mayor que contiene a ambos. 

El ser humano también se puede comprender en una forma similar en donde coexiste lo más humano y también lo menos humano, pero la gran cualidad de este ser humano está en la capacidad innata de “darse cuenta” de sus acciones en el mundo. Se ha dicho que tenemos la capacidad de ser crueles y de ser bondadosos. De ser egoístas o generosos. De amar u odiar. De poseer o de dar. No existen los determinismos en el ser humano. Las posibilidades están siempre abiertas y esa capacidad de “escoger” es solamente bien desarrollada en nuestras especies. Si no fuera así, habríamos desaparecido hace miles de años. 


Siguiendo esta línea de discurrir, se puede decir que si realmente existiera una naturaleza humana, ella tendría los mejores atributos de nuestra especie que verdaderamente ha ido evolucionando y continuará evolucionando a través del amor y la compasión.

Claramente exhibimos grandes cualidades y es nuestro deber cultivar estos atributos que no están dados por lo natural, que escapan a las leyes naturales y que obviamente no tienen que ver con el cuerpo y tienen que ver con el desarrollo de la conciencia y de la espiritualidad. Ese desarrollo, como todos los desarrollos, no es lineal. Tiene momentos mejores, de avance y momentos no tan buenos, de aparente estancamiento y retroceso, pero la dirección no cambia. Esa dirección ascendente, a pesar de todos los contratiempos y a pesar de épocas crueles y nefastas, sigue empujando al ser humano no solo a su liberación del mundo natural sino también de su liberación espiritual. 


Quiero enfatizar la importancia de lo espiritual del ser humano y comprender que es algo que ha sido parte de nuestra especie desde el comienzo mismo de nuestra historia. No sabemos con exactitud cuando sucedió nuestro nacimiento en este mundo como especie, sin embargo sí podemos decir que en un momento especial, se produjo en nuestra especie algo extraordinario, que no estaba dado por las condiciones naturales en que existíamos y tuvo que ver con un acto de conciencia que no fue de respuesta inmediata. 


El estímulo-respuesta de lo natural ha sido bastante estudiado y profundizado en los animales y en el mundo de la naturaleza. Se han hecho innumerables experimentos, sobre todo en animales para verificar esa capacidad de dar una respuesta frente a un estímulo del medio y esto por observación directa de nuestro comportamiento básico que va dictando esas respuestas cuando tienen que ver con la parte más natural nuestra, que es el cuerpo. El hambre como estímulo nos condiciona a buscar alimento, lo mismo con la sed, la reproducción, la temperatura, etc. Todas las necesidades básicas son estímulos en busca de respuesta y así funcionamos. En un momento de nuestra historia hubo una respuesta “diferida” al estímulo. En otras palabras, la respuesta no fue dada de inmediato y tampoco coincidió con la intensidad propia de los estímulos que están a la base de la preservación o conservación de la vida y sucedió cuando el ser humano no fue ahuyentado por el fuego a pesar de poner en juego su propia sobrevivencia. Se acercó a ese fuego que lo debería haber destruido y ahí comenzó un proceso evolutivo distinto a todas las otras especies. Esa capacidad de ir en contra de la sobrevivencia a través de un acto de conciencia diferido está a la base de lo se puede llamar un acto verdaderamente humano, o una respuesta verdaderamente humana. 


Ese es el comienzo de nuestra especie humana y ese es también el comienzo de nuestra separación del mundo natural. No ha sido nada de fácil, considerando todos nuestros instintos básicos que tienden a predominar, pero poco a poco, penosamente a veces y sin duda en una forma no lineal, se ha ido el ser humano haciendo cada vez más humano y desarrollando cada vez más ese espíritu, esa fuerza interna, esa divinidad que existe en su interior, al mismo tiempo que reconoce su función de protector del medio ambiente que es compartido con otras especies también en desarrollo.


Ese espíritu que ha sido construido de actos unitivos e intencionales en el ser humano es lo que verdaderamente nos hace ser humanos y si existe una naturaleza, está basada en el reconocimiento de este espíritu que también ha ido evolucionando desde ese desafío al temor ancestral, pasando por dioses y diosas externas, por cultos, rituales, intermediarios, castas, sacerdotes, chamanes y otras formas de intuición de lo sagrado afuera y adentro del ser humano. Pero cada vez más adentro y cada vez menos necesitado de intermediarios y de divinidades externas.


Este proceso ha ido evolucionando desde las creencias más arraigadas y a veces casi absurdas, hasta el encuentro con experiencias internas cada vez más profundas con respecto a quienes somos, donde vamos y el reconocimiento simple que cada existencia es posible porque los otros existen. Así evoluciona el ser humano y en este proceso de separación acelerada del mundo natural va dejando atrás creencias, egoísmos, comportamientos negativos, compulsiones, contradicciones internas y externas, en busca de un centro de gravedad interno que le da sentido más allá de este espacio y tiempo del cuerpo natural y físico.


Fernando Aranguiz

Portland, Oregon, Noviembre 2025

martes, 14 de octubre de 2025

El Espíritu y la Opresión

 

EL ESPÍRITU Y LA OPRESIÓN - SILO

Se produjo en Valparaíso una reunión de gente "bienpensante" que tenía de sí misma la imagen del triunfo y que hubo de chocar necesariamente, con la proclama de Silo que reza así: "Mi enseñanza no es para los triunfadores, sino para aquéllos que llevan el fracaso en su corazón".

Alguien pidió entonces (en tono amable), que se explicara el significado de la proclama.

Silo respondió que hablaría sobre el espíritu y la opresión.

"Existió un hombre muy poderoso que tuvo gran cantidad de ovejas. A fin de impedir su escape levantó un cerco. Sin embargo, algunas rompían la prisión y lograban fugarse. Para evitar esto el hombre poderoso trajo perros que vigilaban noche y día.

A pesar de todo, algunas podían huir y otras eran muertas por los cuidadores, que arruinaban su carne y su piel con feroces dentelladas. 

Entusiasmados con esto, penetraban al redil continuando la matanza.

Vio el hombre poderoso que el cerco era frágil para contenerlas y los cuidadores, peligrosos. 

Mandó entonces en busca de un mago. Este durmió a todas las ovejas y las hizo soñar que eran libres. Al despertar, siguieron creyendo que obraban voluntariamente y ya no abandonaron a su amo. De este modo, el hombre poderoso retiró el cerco y los cuidadores, bastando tomar de las ovejas a su gusto cuando necesitaba de carne y de piel.

La oveja es el espíritu del ser humano. El hombre poderoso, aquél que quiere utilizarlo. El cerco, los perros y el mago son los ayudantes del opresor.

Cercar el espíritu es separarlo del mundo por la ignorancia.

Rodearlo con cuidadores, es mantenerlo en la docilidad por la violencia y la fuerza, infundiéndole el temor.

Finalmente, adormecerlo es degradar el espíritu con persuasión y con bellas falsedades.

A través del tiempo se han usado esas tres formas de asesinato del espíritu.

La ignorancia y el temor no han sido suficientemente poderosos como para contener los impulsos de libertad. (Por otra parte, un hombre ignorante y temeroso no es tan útil al opresor como aquel que ha sido instruido y no es necesario ejercer la violencia en él porque está de acuerdo con la infamia).

Cuando un hombre no necesita de cercos ni de cuidadores y está conforme con la falsedad de su vida es porque su espíritu ha muerto.

Hay quienes venden su libertad interior con tal de lograr seguridad o bienestar material. Estos son los que se dicen libres porque no desean otra vida y les resulta injurioso quien habla de la necesidad del despertar.

Cuando los hombres duermen de ese modo, colaboran con la opresión y producen en bien del opresor. A ellos se los considera "útiles" a las causas del Estado que a la vez sirve dócilmente al imperio.

Un hombre que se ha degradado a tal punto es un triunfador y se le pone como ejemplo de trabajo y como ejemplo de superación. Ese recibe su paga a costa del sufrimiento de otros a quienes considera incapaces.

El triunfador puede llegar a serlo únicamente colaborando con los mandatos del amo, se llame Estado, Moral o Religión.

El falso triunfador duerme, pero a menudo sus sueños están llenos de sobresalto porque tarde o temprano algunas ovejas despiertan y comienzan a despertar a las demás... Poco a poco en el redil se advierte que ya no se cree en la falsa libertad.

Los triunfadores no necesitan de esta enseñanza porque ya han saciado su ambición. ¿A qué tanto alboroto cuando es a los fracasados a quienes dirijo mi palabra?

Creo únicamente en aquéllos que se reconocen fuera del cerco y no gozan de los beneficios del triunfador.

¡Ah, triunfador! no puedes reprocharme que no hable para ti, porque no me necesitas, y si hablo para el que me necesita, ¿a qué te metes conmigo?

Fracasados son los pobres y los enfermos y los sin fuerza y los sin porvenir. Son los que han sido defraudados en sus ideales, truncados en sus amores, escarmentados en su fe, traicionados en su bondad.

Cuando te reconozcas fracasado te daré consuelo porque entonces tuyo será el espíritu y descubrirás la necesidad de la liberación interna, la necesidad del renunciamiento, la necesidad de matar el deseo".

 22 de Enero de 1969


lunes, 22 de septiembre de 2025

Paz

 



En 1970 circuló un pequeño folleto con las enseñanzas básicas de un hombre llamado “Silo”. Un argentino de unos treinta y tantos años que acababa de celebrar una reunión pública en la frontera entre Argentina y Chile, muy cerca de un pequeño pueblo llamado “Punta de Vacas”. Su charla se tituló “La Curación del Sufrimiento” y fue una extraordinaria forma de abordar temas de los que nadie hablaba en los años sesenta.
En el folleto mencionado anteriormente había algunos puntos que vale la pena abordar hoy porque, en mi humilde opinión, son revolucionarios. Sí, revolucionarios en términos espirituales.

Aquí hay un extracto:
“Para lograr la paz hay que empezar con uno mismo. Se lleva la paz, la tranquilidad y la alegría a la propia conciencia cumpliendo con los Mandatos*, meditando cada día y buscando siempre el lado bueno de las personas y las cosas.
Cristo dijo: "Perdona a tus enemigos".
Silo enseña ahora que no basta con perdonar sino que es necesario buscar el lado bueno del enemigo. Si otra persona, pese a todo, sigue siendo mi enemiga, ella no tiene la culpa sino yo porque no he descubierto su parte buena.
Sucede igual con las cosas feas y los hechos adversos. Si me preocupo por buscar lo bueno y lo bello en las cosas y en los hechos, no estoy en la resignación sino en el optimismo y la alegría.”


Me sorprendí a mí mismo con estas consideraciones, especialmente cuando leí sobre la “Paz en la conciencia”. No habla Silo sobre la paz en general, sino en la conciencia de todo ser humano y es precisamente ahí, donde comienza el trabajo de elevarnos espiritualmente. Curiosamente todo esto sucede al mismo tiempo en que el planeta entero está dividido y después de dos guerras enormes, con grandes dificultades hemos podido conservar una paz bastante precaria y en la raíz de todas las pequeñas guerras que se han sucedido, están las grandes religiones que conocemos hasta ahora. Todas estas religiones tienen sus preceptos o mandamientos muy bien escritos en multitudes de libros sagrados y todos ellos consideran que matar es una aberración. Sin embargo todas esas frases en libros sagrados, en la práctica son olvidados y en el nombre de las religiones siguen matando a miles de seres humanos. No importa cual es el pretexto - siempre tiene que ver con un pedazo de tierra - a pesar de que hay tierra para todos. En el nombre de los dioses de todas las religiones se va en contra de los mismos preceptos que predican convirtiendo las enseñanzas en una hipocresía sin límites.

Creo que no hay error más profundo que la hipocresía y es un error de la conciencia. Lo peor es cuando se convierte en algo aceptado y a veces hasta justificado, por no decir santificado.

Dejando de lado toda esta increíble hipocresía y volviendo al tema de lograr paz en uno mismo, parece adecuado sostener que es la violencia interna la que hay que transformar y es esa violencia que produce sufrimiento por su raíz posesiva y esta violencia sólo puede retroceder enfrente de la fe interna y la meditación interna. Ambos términos difíciles de definir precisamente porque han sido monopolizados por las religiones, pero aquí se aclara que esa fe es interna y que esa meditación es interna.

Mucho se habla sobre la fe y poco se practica. Más se habla en estos tiempos sobre la meditación, pero poco se practica. La fe interna es algo que se construye y lo mismo sucede con la meditación interna. Uno va descubriendo el mundo interno en la medida en que uno lo observa sin prejuicios y con el interés profundo de ser mejor. No existe en la meditación interna la culpabilidad o el razonamiento. Por ejemplo, uno medita sobre las dificultades que uno encuentra diariamente y cómo esas dificultades me hacen crecer internamente. No me detengo a explicar las dificultades y tampoco busco razones para su existencia. Solo me concentro en el hecho que me dificultan y como hago para convertirlas en una fuente de crecimiento interior. Hay todo un mundo de meditación interna que voy profundizando y descubriendo. Me puedo preguntar diariamente por quién soy y adonde voy - por supuesto internamente. Pregunto y me respondo. Eso es meditar. Medito también cuando reflexiono en que no hay sentido en la vida si todo termina en la muerte y por consiguiente es imperativo encontrar el sentido - la dirección - a mi vida, no como algo estático sino como un proceso de crecimiento interno afianzado mi fe en lo mejor de mi, lo mejor de otros y lo mejor de la sociedad en que me toca vivir. Todo esto es meditación y poco tiene que ver con abrir o cerrar los ojos, con posturas especiales o con objetivos especiales. Al meditar de esta forma voy descubriendo la paz en mi interior y experimento inspiración.
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* Mandatos:  NO mientas. NO mates. NO robes. Sé fiel. Logra la paz en ti y en los demás. Piensa, siente y actúa en la misma dirección. Purifica el deseo

jueves, 7 de agosto de 2025

Creencias y Fe

 


Creer es muy diferente a tener fe. Tener un sistema de creencias es cómodo siempre y cuando esas creencias nunca sean cuestionadas. En el momento en que se confrontan o cuestionan las creencias, abandonamos toda lógica y, en algunos casos, podemos sentirnos personalmente atacados.

Probablemente esto explique por qué, en términos de política y religión, cuanto más cuestionamos a los demás, más defienden y justifican su posición. Se convierte en una competencia absurda sobre cómo defender lo indefendible. No hay una manera efectiva de modificar las creencias de otra persona a través de la confrontación. ¿Por qué alguien defendería una creencia o atacaría la creencia de otra persona? No tiene sentido, pero nos encontramos haciendo ambas cosas todo el tiempo.

He observado en mí una tendencia a autoafirmarme en algo tan frágil como una creencia, y al hacerlo, obviamente termino a la defensiva cuando soy confrontado. Me imagino que es lo mismo para los demás.

El mensaje de Silo no se preocupa por las creencias. No funciona con creencias. Da la bienvenida a todas las creencias porque su esencia se basa en la experiencia y la fe. No en las creencias.

Las creencias son plurales. Se pueden adjuntar a múltiples objetos. Podemos tener muchas creencias en muchas cosas. La fe es singular. Es solo una fe. Siempre es la misma fe,

El mensaje de Silo funciona mejor con la fe.

He notado que la fe se experimenta cuando hay una necesidad, porque las necesidades se mueven en una dirección muy fuerte; Es casi como un rayo láser. Simplemente nos hace avanzar hacia una meta. No se detiene en el cálculo. Simplemente lo sabe. Nos impulsa con una fuerza grande y alegre. Desde otra perspectiva, ese objetivo comienza a empujarnos hacia su esfera de influencia, casi como una fuerza gravitacional. Todas las puertas están abiertas cuando la fe nos mueve.

Creo que ahora comprendo mejor el significado del aforismo: "Los pensamientos con fe son los que producen y atraen acciones más fuertes y los pensamientos repetidos con fe son los que producen y atraen la máxima fuerza en mis acciones"

sábado, 28 de junio de 2025

Eternidad

 



No existe la eternidad, pero es una de las ilusiones más comunes que nos hacen sufrir.
No hay dolor ni alegría que dure para siempre.
Al comprender esto, la vida adquiere un nuevo significado.
Todo acabará pasando.
Trabajar internamente es adquirir permanencia en la capacidad de cambiar.
La permanencia, vista así, es mucho más interesante que la eternidad.
El cambio constante, al aceptarlo, nos brinda realidad y nos libera de la tiranía de la ilusión de la eternidad.

Libertad

    En enero de 1969 Silo dio una breve charla en Quintero, un pueblito costero de Chile. Estas fueron sus palabras al comienzo de la charla...