sábado, 28 de junio de 2025

Eternidad

 




No existe la eternidad, pero es una de las ilusiones más comunes que nos hacen sufrir.
No hay dolor ni alegría que dure para siempre.
Al comprender esto, la vida adquiere un nuevo significado.
Todo acabará pasando.
Trabajar internamente es adquirir permanencia en la capacidad de cambiar.
La permanencia, vista así, es mucho más interesante que la eternidad.
El cambio constante, al aceptarlo, nos brinda realidad y nos libera de la tiranía de la ilusión de la eternidad.


Arte de Rafael Edwards

domingo, 8 de junio de 2025

Objetos

 


Si la felicidad no ha llegado a pesar de los esfuerzos hechos en convencernos de que esta depende en gran medida de la posesión de objetos materiales, estoy seguro que nadie lo siente así. En otras palabras, todos nos ofendemos si alguien nos dice que somos "materialistas". Pero si lo material se destruye por accidente o intencionalmente, nos deprimimos, nos violentamos, nos quejamos, nos enojamos, etc.. Y no es para menos. Cuando nuestras vidas enteras están orientadas hacia el progreso material y dependiendo de él, es bastante trágico experimentar esa "pérdida" y al mismo tiempo es objeto de reflexión el porqué nos afecta tanto.

La verdad es que no necesitamos ni ofendernos ni defendernos porque esencialmente somos materia y espíritu pero si ese equilibrio se rompe, especialmente si nos orientamos desproporcionadamente en una sola dirección, entonces sufrimos y ese sufrimiento no es porque los objetos se rompen, sino por la relación que hemos establecido con los objetos.

Curiosamente cuando un "desastre natural" ocurre, sufrimos mucho menos porque esa "relación" es un poco distinta. Sabemos que no controlamos la naturaleza a pesar de las intenciones de algunos, y sabemos que con el esfuerzo "colectivo" podemos reconstruir y mejorar lo destruido. Esa es nuestra historia como especie después de todo. Es bueno reflexionar sobre nuestra relación con los objetos si queremos verdaderamente comprender lo que sucede alrededor nuestro.

viernes, 30 de mayo de 2025

Autocensura



 Cuando escuche por primera vez el concepto de autocensura me llamó enormemente la atención el hecho que nunca antes lo había escuchado de boca de nadie. La vez primera fue por boca de Silo en el 2006 y el contexto era una conversación acerca de cómo el Mensaje se expande en un embate contra la censura y la autocensura y ese embate contra la autocensura es el desarrollo de la disposición a abandonar este sistema y a crear una visión diferente de cómo son las cosas y cómo se debe actuar respecto a ellas. En ese momento era solo una palabra y algunos años después es algo mucho más que eso y tiene un sentido también más profundo y expansivo. Me imagino que la palabra se ha usado antes y probablemente Silo mismo la usó antes también, pero el punto importante es que mi reconocimiento empezo ese dia. Hablo de un reconocimiento interno de mi autocensura y como bien lo dijo, la censura se ha debilitado enormemente con el paso del tiempo, pero no así la autocensura. No deja de ser interesante todo este contexto, a pesar de que es un poco redundante, pero a veces una palabra o frase puede modificar todo un comportamiento, o al menos producir un vuelco interno y una observación al principio superficial y luego más interna. Eso más o menos fue como empezó mi estudio de la autocensura. Lo más difícil ha sido el esfuerzo en no juzgar, criticar o degradar la autocensura. Si, es claro que no sirve en este momento, pero es más importante comprenderla que juzgarla. Y en ese esfuerzo he podido ver y experimentar que esa es en realidad la forma mejor de ir abriendo esa “disposición” al cambio. Al suspender a veces solo por momentos la tendencia al enjuiciamiento, ya se produce en mí una apertura y pude ver que lo que se reprimía más en el autocensurarse, era la posible intuición y la posible observación desprejuiciada y libre sobre los fenómenos externos e internos. A ver si puedo explicarlo un poco más poéticamente. 


“Cafet se abandonó totalmente a la experiencia que estaba teniendo. A miles de miles de kilómetros de donde había partido, en un sueño extraño  y maravillosamente real e incomprensible. En un viaje a los anhelos más elevados que no había sido para nada como él se lo había imaginado. Cafet seguía a Graciela conectando con la intuición de que ella lo llevaría donde necesitaba ir. Hay veces que lo absurdo y lo extraordinario se mezclan de una forma imposible de predecir y solo queda seguir ese hilo tenue sin demasiadas preguntas, sin mucha cautela, y con la suficiente confianza de que uno llega donde debe ir.”


Este párrafo es de una historia que escribí a partir de un sueño. Los sueños son absurdos y especiales precisamente porque no hay censura, porque no existe un vigilante de los contenidos que solo fluyen y uno participa de las situaciones más extravagantes, extraordinarias, inmorales, inspiradas, etc. y la autocensura desaparece…

Esto es solo una aproximación al tema y he tomado el sueño solo como un ejemplo. No es posible ni recomendable trasladarlo a la vigilia pero es importante comprender cómo ese mecanismo opera y cómo, poco a poco, sin ser extravagante o extraordinario, o inmoral y/o inspirado, uno puede ir soltando la propia censura, especialmente sobre los propios contenidos, especialmente sobre las propias concepciones, especialmente porque las intuiciones son más interesantes que los esquemas. Y al ir soltando todo eso, se producen comprensiones de cómo los sistemas están armados. Si uno nota la tendencia y sin compulsiones la observa, esta tiende a no ocupar el espacio central de nuestro hacer en el mundo y al no ocupar ese espacio, algo distinto empieza a manifestarse. En el mejor de los casos se produce un vacío y ese vacío es dador de sentido porque viene de lo más profundo del ser humano. 

Los embates contra la autocensura no tienen un carácter bélico sino más bien son esfuerzos para acallar grandes compulsiones que nos alejan de eso sagrado dentro y alrededor de nosotros. Sin duda vale la pena los esfuerzos en esa dirección.


Arte de Rafael Edwards


viernes, 11 de abril de 2025

Trabajo interno





La idea de "trabajar internamente" no es nueva. De diferentes formas y en diferentes épocas, ha estado presente constantemente en nuestro mundo.
El punto de partida es trabajar con lo que tenemos, y esta es probablemente una propuesta nueva. Es comúnmente aceptado en las sociedades que trabajamos intentando "obtener" algo dentro de nosotros mismos. Queremos "convertirnos" en alguien mejor, más inteligente, más espiritual, etc.
La simple idea de "obtener" va en contra de este proceso.
Como mucho, podemos transformar lo que ya tenemos.
Trabajar para "convertirnos" es un desperdicio de energía.

"Liberarnos" es mucho más interesante.
Liberarnos de los miedos
Liberarnos de los prejuicios
Liberarnos de la violencia y los juicios internos
Liberarnos de la ignorancia y el sufrimiento interno
Desde esa perspectiva, soltar es un buen enfoque para comenzar este trabajo interno.

Aprender a soltar es el primer paso de muchos más.




martes, 8 de abril de 2025

Hablando de experiencias

 



¿Quién quiere realmente escuchar la experiencia de otra persona? Prácticamente nadie.
Generalmente, nos morimos de ganas de hablar de nuestra propia experiencia y apenas escuchamos lo que dice el otro.
Y terminamos de hablar y la otra persona ni siquiera escucha, igual que nosotros no escuchamos.
Es un ejercicio peculiar de monólogo.
No es frecuente que podamos intercambiar experiencias.
No es frecuente, y solo ocurre si estamos muy abiertos a escuchar de verdad.
Me gustaría minimizar mis conversaciones sobre mí.
No me pareció muy interesante y no me ayuda a procesar internamente.
Prefiero escuchar y hacer muchas preguntas.
Hace que la otra persona se sienta más feliz y me siento más conectado.
Es una forma por rodeo de tratar a los demás como me gustaría que me trataran.

domingo, 16 de marzo de 2025

Reconciliación

 


El tema de la violencia y de la venganza es más o menos pesado pero al mismo tiempo crea un espacio para preguntarme a mí mismo ¿Cómo salgo de este enredo? Por todo lo que quisiera ofrecer la otra mejilla, no estoy completamente convencido de su efectividad o de su vigencia temporal. Y después de quedarme sin mejillas, de tanto ofrecerlas, ¿cómo puedo realmente superar estas fuerzas que se generan en nosotros?

Yendo más profundamente, necesito ver que a veces el peor enemigo está dentro de mi. Yo puedo ser ese peor enemigo y ofrecer las mejillas no me va a ayudar demasiado.

Entonces veo con mucha más claridad la necesidad de reconciliarme conmigo mismo y con todas las personas que me han herido. El camino de la reconciliación es arduo pero sincero y es el único camino que me permite salir del círculo vicioso de la violencia interna y del resentimiento que causa el maltrato de otros hacia mi y el maltrato de mi mismo hacia mi.

Así, viendo estas cosas, me surge el impulso natural del perdón, que no deja de ser importante pero no es suficiente. No es suficiente porque me obliga a ponerme en esas situaciones totalmente inesperadas en donde se perdona al agresor y el agresor no se da por entendido y sigue agrediendo y yo, agredido y ahora humillado, decido que el perdón no resulta ser muy efectivo ya que estoy nuevamente resentido y doblemente porque mi perdón no fue acogido con mucha gracia y en el mejor de los casos, si mi perdón es aceptado, entonces me creo moralmente superior y ahí se acaba todo el esfuerzo por una transformación más interesante. Además, queda una parte inconclusa que es ¿cómo me perdono a mi mismo?

Necesito ir un poco más adentro...y desgraciadamente no es algo que puedo hacer simplemente olvidando lo que ocurrió. El olvido no funciona bien, porque el recuerdo doloroso está todavía en mi memoria y por más que trato de suprimir, aflora y sigue haciendo presente esa situación aunque yo trate de olvidarla. A veces es un perfume, o un color que trae al presente todos esos recuerdos que yo creía olvidados y ahí estoy nuevamente en situación de resentimiento.

Poco a poco y casi sin opciones empiezo a reflexionar en que la única forma de superar todo esto es a través de una reconciliación profunda y sincera que en mi caso específico comienza conmigo mismo y como se ha dicho anteriormente, este proceso comienza cuando acepto que tengo un problema, cuando puedo decir que no me quiero tanto como creo y a veces no me quiero nada. Esa falta de cariño a mi mismo es complicada, sufriente y poco importan las causas y los orígenes. Lo importante es que ahí está siempre pidiendo ser reconocida y resuelta. Ahí estoy con toda esta carga que solo se aliviana cuando empiezo a tratarme de un modo diferente, cuando empiezo a verme a mí mismo de un modo distinto, cuando aparece en mi un deseo de transformación que no está ligado a ningún sentimiento de culpa o deseo de “mejorarme”, o ninguna exigencia de ese tipo. Simplemente me veo como una persona con muchos atributos positivos y negativos, con anhelos y esperanzas, con fracasos y triunfos y me veo como un ser verdaderamente humano con necesidades de todo tipo y también con un interés en otros y en convivir con otros y querer a otros...y también a mi mismo. Y cuando puedo verme así, mi futuro se abre y siento que puedo salir de la trampa del resentimiento.

Entonces reconozco la validez de no juzgarme y de no juzgar a otros. Reconozco la necesidad de transformar mi vida y la vida alrededor mío pero no por compulsión, o por ninguna razón que no sea la de superarme, porque entiendo aunque no siempre profundamente y no siempre del todo, que es un esfuerzo hecho sin interés de retribución y de reciprocidad. En otras palabras, no es necesario ni importante que el otro responda de la misma forma. Es una especie de “desarme unilateral” que lo experimento como liberación interna, como una sensación de liviandad y de coherencia. La siento con encaje interno.

Finalmente puedo percibir que los esfuerzos por reconciliarme conmigo mismo, cuando voy logrando ese desarme unilateral, me refuerza el mismo sentimiento de reconciliación con otros y puedo ver a veces como todas esas personas que me han agredido son exactamente iguales a mi y las puedo percibir en su humanidad y eso sucede porque yo me voy humanizando. Así que después de todas estas vueltas, caigo en cuenta que todo comienza a transformarse cuando yo decido reconciliarme conmigo mismo.

Y es en esta tarea, y no otra, que puedo salir del círculo cerrado de la violencia y de la venganza. Lo mejor de todo este proceso es la silenciosa alegría que se va acumulando en mi interior y siento un profundo agradecimiento por todas estas enseñanzas que hemos recibido.

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

lunes, 24 de junio de 2024

Confianza


Cuando las instituciones que son los pilares de una sociedad no son percibidas como tal, entonces es el principio de la desintegración de esa sociedad. La ciencia ya no es creíble, la educación es dudosa, la religión no es inspiradora, la justicia no es mas ciega, los políticos no son más los representantes de ninguna verdad. La confianza es uno de los ingredientes claves para que una sociedad funcione correctamente. En general esta confianza se pierde cuando aquellos depositarios de esta confianza fallan en su accionar. Normalmente esa confianza jamás es recuperada cuando falla. La duda y la desconfianza envenenan todo lo que tocan y aún no se ha encontrado el antídoto para este enorme problema. Cuando hay confianza, hay tolerancia y respeto porque se comprende que pueden haber errores subsanables, pero no es el caso cuando esa confianza se esfuma. Toda la tolerancia y el respeto desaparecen en un torbellino de mutuas recriminaciones y últimamente dan paso a la violencia y a la desintegración total. Sucede en las relaciones humanas y sucede en las sociedades humanas. Uno se pregunta entonces, que se puede hacer? Cómo podemos salir de esta situación?

Depositaremos nuevamente nuestra confianza en aquellos que nos han traicionado? Perdonaremos todos los errores cometidos? Cambiaremos unos por otros pero sin ninguna certeza de que las cosas puedan mejorar? Escucharemos nuevas promesas sin convicción alguna? Ninguna de estas alternativas parecen producir lo que se ha perdido. No inspiran confianza por más esfuerzo que hacemos y por más esfuerzo que los otros hacen. No suenan sinceras porque no lo son. La sinceridad que necesitamos está íntimamente ligada al reconocimiento de que esta sociedad ha fracasado y es un fracaso a todo nivel. No se puede arreglar con promesas ni con declaraciones, ni con mano dura o mano blanda. No importa quien o quienes son los que se declaran "salvadores", porque no inspiran confianza y a lo mejor estamos todos hartos de lo que ya conocemos por miles de años.

El verdadero reconocimiento de este fracaso social nos pondría en una situación extraordinaria, enormemente penosa para algunos pocos y liberadora para el resto. Este reconocimiento implica poder expresar nuestra ignorancia a todo nivel. Implica poder ver todos los errores sin prejuicio, sin cobardía y sin culpables. No ganamos nada encontrando culpables porque si hay verdadera sinceridad, mejor nos repartimos las culpas, pero no creo que es lo mejor ni lo que se aspira tampoco. La verdadera justicia poco tiene que ver con la culpabilidad.

Si pudiésemos como sociedad experimentar este fracaso, quizás podríamos pasar a otra etapa en donde una nueva forma de organizarnos y de mirar las cosas es posible.

Inevitablemente en este estado de reconocimiento, el temor es lo primero que necesitamos aceptar, ver y abandonar. Es precisamente el temor lo que nos impide como sociedad avanzar a una forma más coherente de relación y de gobierno. El temor a perder lo que no tenemos o lo que creemos tener, el temor a no alcanzar lo que creemos necesitar, el temor a lo que recordamos haber tenido o creíamos tener nos ha llevado siempre a la destrucción y a la violencia como individuos y como sociedades. Este temor está en todos los niveles de nuestras vidas y por consiguiente nuestras estructuras sociales están en decadencia y en desintegración. "Cada uno aferrado a sus dioses..." como dice una famosa y verdadera canción. Sin darnos ni siquiera cuenta que esos "dioses" que nos adjudicamos son los mismos que los enemigos que hemos ido creando, se adjudican.

La verdad es que es una triste situación para toda la humanidad y nos guste o no, estamos todos inmersos en este sistema que ahora es global y sin ninguna posibilidad de escapar esta realidad.

Como todas las "realidades" solo queda comenzar a verla por lo que es y mientras más pronto mejor. Si existe una posibilidad de cambio es ahora y no mañana y ese cambio sólo va a ser posible si existe en cada uno de nosotros ese deseo fuerte de cambiar. Este cambio tiene que empezar por el individuo que toma cabal conciencia de la situación de fracaso a nivel individual y a nivel social. Si creemos ingenuamente que esto está separado y que es la sociedad la que está mal y nosotros bien, bueno, no iremos a ningún lado muy interesante. La postura opuesta en donde la sociedad está bien y el individuo no, es igual de errada.

Esto que sugiero es una de las cosas más difíciles de hacer y a la vez la más eficaz posible. Cuando el cambio comienza en el individuo es porque ese reconocimiento interno lo pone en una situación de "verdad" que no se puede llegar de otra manera. Como quisiera tomarme una pastilla y que todo esté bien al despertarme, o un vaso de algo que me haga sentirme mejor. O a lo mejor una dosis pequeña de drogas. Nada muy concentrado, pero suficiente para hacerme olvidar de esta realidad que no he creado y que no tiene nada que ver conmigo. O también me puedo rodear de personas como yo y así no siento mis errores de cálculo ni mi fracaso interno y puedo tranquilamente echarle la culpa al resto. Hay que admitir que a veces funciona por un rato pero inexorablemente ese momento pasa y algo sucede que esa artificialidad se rompe y estoy nuevamente internamente violentado por los hechos y por lo que no quiero admitir internamente. Las falsas puertas para acabar con la violencia interna y la desintegración social y personal que conllevan, son numerosas pero lo único importante es que son falsas. Lo verdadero siempre es sentido como tal y tiene la característica principal de no llevar violencia en si. Estamos hablando de violencia física, racial, de genero, religiosa, económica, etc...Todas las formas de violencia conocida. Uno siente lo que es verdadero como liberación interna, expansion, suave alegría, tranquilidad y la certeza de que el otro es tan importante como uno mismo. Si lo que llamamos "verdadero" necesitamos justificarlo y explicarlo porque no lo podemos sentir, entonces todas esas explicaciones no sirven mucho porque no llegan al corazón humano que es de donde parte la posibilidad real de transformación.

A lo mejor no siento todo el tiempo esto que lleva verdad, pero solo basta sentirlo unas pocas veces para orientar nuestras vidas en esa dirección humana y porque no decirlo, trascendente ya que verdaderamente trasciende lo personal, las pequeñeces individuales y nos pone en resonancia con la vida misma que se va construyendo de realidades internas y no de slogans y grandes tratados económicos, políticos y morales. Esta dirección ascendente me lleva a una situación de confianza con el otro y conmigo mismo que se puede experimentar sin duda alguna porque puedo sentir en el otro lo mismo que puedo sentir en mi. Cuando eso sucede, cuando puedo ponerme en el lugar del otro, es cuando mi posición en el mundo cambia y por consiguiente todo cambia. Poder y querer tratar al otro como yo quisiera ser tratado es la regla de oro para una sociedad real. Es el pilar fundamental para construir algo verdadero.

Cuando se divorcia el ser humano de sus sentimientos más profundos, es cuando el sentido se pierde o se esfuma. Cuando me separo de lo verdadero en mi, es cuando esa sociedad a la que pertenezco ya no es el reflejo de una dirección significativa. Ahí aparecen todos los "enemigos". Todos dispuestos a arrebatarme lo que creo tener. Ahí aparece lo indefensible y se enarbolan todas las banderas que sirven para señalar que lo más importante es el individuo, la familia, la propiedad, la religión y la patria. Y puede ser que asi sea, pero todo eso aparece teñido de temor y de violencia. No inspira confianza sino al contrario. Desintegra internamente y me obliga a traicionar lo que creo creer. Por un lado estoy dispuesto a hacer lo imposible por mis seres queridos y al mismo tiempo todo aquel que no pertenece a ese reducido círculo, es mi enemigo. Y por supuesto lo voy a justificar de mil maneras diferentes. Esa justificación se va a ir ampliando cada vez más y súbitamente me voy a encontrar con que la guerra, el asesinato, el control a través del temor es "necesario" porque son los enemigos de "mi patria" de mis "creencias" y de todo lo que existe.

Y si alguien se atreve a preguntarme cómo es posible que todo lo justifique y que esa religión que me adjudico es de "amor y no de odio" o cualquier otra pregunta que ponga en evidencia mi contradicción profunda, le responderé con insultos y más violencia.

Curiosamente no hay religión en el planeta que promueva el odio en sus enseñanzas originales, sin embargo aqui nos encontramos, con los defensores de la fe, armados hasta los dientes para proteger lo que nunca se dijo.

Se podría decir que es todo una absurdidad y por supuesto que lo es, pero hemos pasado el límite de lo que se puede decir y lo que tenemos enfrente es una desintegración que no responde a lo que se puede decir y analizar. Algo que crece como el cáncer y que va debilitando al cuerpo social hasta destruirlo. No estoy exagerando en absoluto. El resquebrajamiento social comenzó varias décadas atrás y en este momento estamos en una de las crisis más grandes que la humanidad ha enfrentado.

Están sonando todas las alarmas que nuestra corta memoria tiene de la historia y hasta los más cínicos y optimistas, en silencio saben que vamos en una dirección equivocada.

No creo que nadie realmente pueda estar muy contento con este análisis medio brutal y aparentemente negativo, pero desgraciadamente nos encontramos en una encrucijada histórica de proporciones. No es el momento de las palabras dulces y de la negación de lo que existe y adonde nos va llevando. Tampoco es el momento de las estadísticas y justificaciones intelectuales. Es necesario observar y entender que este medio en que vivimos llamado sociedad tiene mucho que ver con nosotros. En realidad, es casi imposible separar al individuo de la sociedad. Son una estructura y se comprenden estructuralmente. Es en la estructura misma en donde se va generando el problema de la falta de verdad, de la falta de fe, de la falta de confianza. El individuo y su medio se retroalimentan y no son concebibles separadamente por más que lo podamos imaginar.

Pienso y también quiero creer que podemos transformarnos y transformar nuestro medio. Pienso y creo que es posible ir en una dirección unitiva y totalizadora. He tenido chispazos internos de reconocimiento que me empujan fuertemente a creer que es posible no solo vivir con unidad interna pero también actuar en el mundo como fuerza transformadora.

Aprender a tratar a otros como quisiera ser tratado es la forma más coherente de estar en el mundo. Es algo que nos da sentido y dirección ascendente.

Luego, aprender a superar el sufrimiento en uno, en los otros más cercanos y en la sociedad.

Aprender a resistir la violencia que está dentro de mí y fuera de mi.

Finalmente, aprender a reconocer los signos de lo sagrado dentro de mi y en mi alrededor.

Entonces, se puede estar en el mundo, en la sociedad y aprendiendo a desarrollarnos internamente. Es importante entender que es necesario "aprender". No es solo una palabra sino que lleva consigo una forma de estar en el mundo en donde el aprendizaje es clave, en donde cada dia me pregunto por lo que es importante, en donde cada dia trato de aprender lo más posible sobre mi y los que me rodean y de alguna manera creo que es un "camino" que nos llevará a una sociedad distinta, humana, profunda y muchisimo mas verdadera.

La confianza está en la base de todas las relaciones humanas. Si se pierde, es como perder las puertas y ventanas en una casa. Si se afirma, entonces el futuro se abre de par en par.

Resistencias

El tema de las resistencias es más complejo de lo que parece. Por lo general, se considera a una resistencia como una especie de dificultad ...