viernes, 30 de mayo de 2025

Autocensura



 Cuando escuche por primera vez el concepto de autocensura me llamó enormemente la atención el hecho que nunca antes lo había escuchado de boca de nadie. La vez primera fue por boca de Silo en el 2006 y el contexto era una conversación acerca de cómo el Mensaje se expande en un embate contra la censura y la autocensura y ese embate contra la autocensura es el desarrollo de la disposición a abandonar este sistema y a crear una visión diferente de cómo son las cosas y cómo se debe actuar respecto a ellas. En ese momento era solo una palabra y algunos años después es algo mucho más que eso y tiene un sentido también más profundo y expansivo. Me imagino que la palabra se ha usado antes y probablemente Silo mismo la usó antes también, pero el punto importante es que mi reconocimiento empezo ese dia. Hablo de un reconocimiento interno de mi autocensura y como bien lo dijo, la censura se ha debilitado enormemente con el paso del tiempo, pero no así la autocensura. No deja de ser interesante todo este contexto, a pesar de que es un poco redundante, pero a veces una palabra o frase puede modificar todo un comportamiento, o al menos producir un vuelco interno y una observación al principio superficial y luego más interna. Eso más o menos fue como empezó mi estudio de la autocensura. Lo más difícil ha sido el esfuerzo en no juzgar, criticar o degradar la autocensura. Si, es claro que no sirve en este momento, pero es más importante comprenderla que juzgarla. Y en ese esfuerzo he podido ver y experimentar que esa es en realidad la forma mejor de ir abriendo esa “disposición” al cambio. Al suspender a veces solo por momentos la tendencia al enjuiciamiento, ya se produce en mí una apertura y pude ver que lo que se reprimía más en el autocensurarse, era la posible intuición y la posible observación desprejuiciada y libre sobre los fenómenos externos e internos. A ver si puedo explicarlo un poco más poéticamente. 


“Cafet se abandonó totalmente a la experiencia que estaba teniendo. A miles de miles de kilómetros de donde había partido, en un sueño extraño  y maravillosamente real e incomprensible. En un viaje a los anhelos más elevados que no había sido para nada como él se lo había imaginado. Cafet seguía a Graciela conectando con la intuición de que ella lo llevaría donde necesitaba ir. Hay veces que lo absurdo y lo extraordinario se mezclan de una forma imposible de predecir y solo queda seguir ese hilo tenue sin demasiadas preguntas, sin mucha cautela, y con la suficiente confianza de que uno llega donde debe ir.”


Este párrafo es de una historia que escribí a partir de un sueño. Los sueños son absurdos y especiales precisamente porque no hay censura, porque no existe un vigilante de los contenidos que solo fluyen y uno participa de las situaciones más extravagantes, extraordinarias, inmorales, inspiradas, etc. y la autocensura desaparece…

Esto es solo una aproximación al tema y he tomado el sueño solo como un ejemplo. No es posible ni recomendable trasladarlo a la vigilia pero es importante comprender cómo ese mecanismo opera y cómo, poco a poco, sin ser extravagante o extraordinario, o inmoral y/o inspirado, uno puede ir soltando la propia censura, especialmente sobre los propios contenidos, especialmente sobre las propias concepciones, especialmente porque las intuiciones son más interesantes que los esquemas. Y al ir soltando todo eso, se producen comprensiones de cómo los sistemas están armados. Si uno nota la tendencia y sin compulsiones la observa, esta tiende a no ocupar el espacio central de nuestro hacer en el mundo y al no ocupar ese espacio, algo distinto empieza a manifestarse. En el mejor de los casos se produce un vacío y ese vacío es dador de sentido porque viene de lo más profundo del ser humano. 

Los embates contra la autocensura no tienen un carácter bélico sino más bien son esfuerzos para acallar grandes compulsiones que nos alejan de eso sagrado dentro y alrededor de nosotros. Sin duda vale la pena los esfuerzos en esa dirección.


Arte de Rafael Edwards


viernes, 11 de abril de 2025

Trabajo interno





La idea de "trabajar internamente" no es nueva. De diferentes formas y en diferentes épocas, ha estado presente constantemente en nuestro mundo.
El punto de partida es trabajar con lo que tenemos, y esta es probablemente una propuesta nueva. Es comúnmente aceptado en las sociedades que trabajamos intentando "obtener" algo dentro de nosotros mismos. Queremos "convertirnos" en alguien mejor, más inteligente, más espiritual, etc.
La simple idea de "obtener" va en contra de este proceso.
Como mucho, podemos transformar lo que ya tenemos.
Trabajar para "convertirnos" es un desperdicio de energía.

"Liberarnos" es mucho más interesante.
Liberarnos de los miedos
Liberarnos de los prejuicios
Liberarnos de la violencia y los juicios internos
Liberarnos de la ignorancia y el sufrimiento interno
Desde esa perspectiva, soltar es un buen enfoque para comenzar este trabajo interno.

Aprender a soltar es el primer paso de muchos más.




martes, 8 de abril de 2025

Hablando de experiencias

 



¿Quién quiere realmente escuchar la experiencia de otra persona? Prácticamente nadie.
Generalmente, nos morimos de ganas de hablar de nuestra propia experiencia y apenas escuchamos lo que dice el otro.
Y terminamos de hablar y la otra persona ni siquiera escucha, igual que nosotros no escuchamos.
Es un ejercicio peculiar de monólogo.
No es frecuente que podamos intercambiar experiencias.
No es frecuente, y solo ocurre si estamos muy abiertos a escuchar de verdad.
Me gustaría minimizar mis conversaciones sobre mí.
No me pareció muy interesante y no me ayuda a procesar internamente.
Prefiero escuchar y hacer muchas preguntas.
Hace que la otra persona se sienta más feliz y me siento más conectado.
Es una forma por rodeo de tratar a los demás como me gustaría que me trataran.

domingo, 16 de marzo de 2025

Reconciliación

 


El tema de la violencia y de la venganza es más o menos pesado pero al mismo tiempo crea un espacio para preguntarme a mí mismo ¿Cómo salgo de este enredo? Por todo lo que quisiera ofrecer la otra mejilla, no estoy completamente convencido de su efectividad o de su vigencia temporal. Y después de quedarme sin mejillas, de tanto ofrecerlas, ¿cómo puedo realmente superar estas fuerzas que se generan en nosotros?

Yendo más profundamente, necesito ver que a veces el peor enemigo está dentro de mi. Yo puedo ser ese peor enemigo y ofrecer las mejillas no me va a ayudar demasiado.

Entonces veo con mucha más claridad la necesidad de reconciliarme conmigo mismo y con todas las personas que me han herido. El camino de la reconciliación es arduo pero sincero y es el único camino que me permite salir del círculo vicioso de la violencia interna y del resentimiento que causa el maltrato de otros hacia mi y el maltrato de mi mismo hacia mi.

Así, viendo estas cosas, me surge el impulso natural del perdón, que no deja de ser importante pero no es suficiente. No es suficiente porque me obliga a ponerme en esas situaciones totalmente inesperadas en donde se perdona al agresor y el agresor no se da por entendido y sigue agrediendo y yo, agredido y ahora humillado, decido que el perdón no resulta ser muy efectivo ya que estoy nuevamente resentido y doblemente porque mi perdón no fue acogido con mucha gracia y en el mejor de los casos, si mi perdón es aceptado, entonces me creo moralmente superior y ahí se acaba todo el esfuerzo por una transformación más interesante. Además, queda una parte inconclusa que es ¿cómo me perdono a mi mismo?

Necesito ir un poco más adentro...y desgraciadamente no es algo que puedo hacer simplemente olvidando lo que ocurrió. El olvido no funciona bien, porque el recuerdo doloroso está todavía en mi memoria y por más que trato de suprimir, aflora y sigue haciendo presente esa situación aunque yo trate de olvidarla. A veces es un perfume, o un color que trae al presente todos esos recuerdos que yo creía olvidados y ahí estoy nuevamente en situación de resentimiento.

Poco a poco y casi sin opciones empiezo a reflexionar en que la única forma de superar todo esto es a través de una reconciliación profunda y sincera que en mi caso específico comienza conmigo mismo y como se ha dicho anteriormente, este proceso comienza cuando acepto que tengo un problema, cuando puedo decir que no me quiero tanto como creo y a veces no me quiero nada. Esa falta de cariño a mi mismo es complicada, sufriente y poco importan las causas y los orígenes. Lo importante es que ahí está siempre pidiendo ser reconocida y resuelta. Ahí estoy con toda esta carga que solo se aliviana cuando empiezo a tratarme de un modo diferente, cuando empiezo a verme a mí mismo de un modo distinto, cuando aparece en mi un deseo de transformación que no está ligado a ningún sentimiento de culpa o deseo de “mejorarme”, o ninguna exigencia de ese tipo. Simplemente me veo como una persona con muchos atributos positivos y negativos, con anhelos y esperanzas, con fracasos y triunfos y me veo como un ser verdaderamente humano con necesidades de todo tipo y también con un interés en otros y en convivir con otros y querer a otros...y también a mi mismo. Y cuando puedo verme así, mi futuro se abre y siento que puedo salir de la trampa del resentimiento.

Entonces reconozco la validez de no juzgarme y de no juzgar a otros. Reconozco la necesidad de transformar mi vida y la vida alrededor mío pero no por compulsión, o por ninguna razón que no sea la de superarme, porque entiendo aunque no siempre profundamente y no siempre del todo, que es un esfuerzo hecho sin interés de retribución y de reciprocidad. En otras palabras, no es necesario ni importante que el otro responda de la misma forma. Es una especie de “desarme unilateral” que lo experimento como liberación interna, como una sensación de liviandad y de coherencia. La siento con encaje interno.

Finalmente puedo percibir que los esfuerzos por reconciliarme conmigo mismo, cuando voy logrando ese desarme unilateral, me refuerza el mismo sentimiento de reconciliación con otros y puedo ver a veces como todas esas personas que me han agredido son exactamente iguales a mi y las puedo percibir en su humanidad y eso sucede porque yo me voy humanizando. Así que después de todas estas vueltas, caigo en cuenta que todo comienza a transformarse cuando yo decido reconciliarme conmigo mismo.

Y es en esta tarea, y no otra, que puedo salir del círculo cerrado de la violencia y de la venganza. Lo mejor de todo este proceso es la silenciosa alegría que se va acumulando en mi interior y siento un profundo agradecimiento por todas estas enseñanzas que hemos recibido.

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

lunes, 24 de junio de 2024

Confianza


Cuando las instituciones que son los pilares de una sociedad no son percibidas como tal, entonces es el principio de la desintegración de esa sociedad. La ciencia ya no es creíble, la educación es dudosa, la religión no es inspiradora, la justicia no es mas ciega, los políticos no son más los representantes de ninguna verdad. La confianza es uno de los ingredientes claves para que una sociedad funcione correctamente. En general esta confianza se pierde cuando aquellos depositarios de esta confianza fallan en su accionar. Normalmente esa confianza jamás es recuperada cuando falla. La duda y la desconfianza envenenan todo lo que tocan y aún no se ha encontrado el antídoto para este enorme problema. Cuando hay confianza, hay tolerancia y respeto porque se comprende que pueden haber errores subsanables, pero no es el caso cuando esa confianza se esfuma. Toda la tolerancia y el respeto desaparecen en un torbellino de mutuas recriminaciones y últimamente dan paso a la violencia y a la desintegración total. Sucede en las relaciones humanas y sucede en las sociedades humanas. Uno se pregunta entonces, que se puede hacer? Cómo podemos salir de esta situación?

Depositaremos nuevamente nuestra confianza en aquellos que nos han traicionado? Perdonaremos todos los errores cometidos? Cambiaremos unos por otros pero sin ninguna certeza de que las cosas puedan mejorar? Escucharemos nuevas promesas sin convicción alguna? Ninguna de estas alternativas parecen producir lo que se ha perdido. No inspiran confianza por más esfuerzo que hacemos y por más esfuerzo que los otros hacen. No suenan sinceras porque no lo son. La sinceridad que necesitamos está íntimamente ligada al reconocimiento de que esta sociedad ha fracasado y es un fracaso a todo nivel. No se puede arreglar con promesas ni con declaraciones, ni con mano dura o mano blanda. No importa quien o quienes son los que se declaran "salvadores", porque no inspiran confianza y a lo mejor estamos todos hartos de lo que ya conocemos por miles de años.

El verdadero reconocimiento de este fracaso social nos pondría en una situación extraordinaria, enormemente penosa para algunos pocos y liberadora para el resto. Este reconocimiento implica poder expresar nuestra ignorancia a todo nivel. Implica poder ver todos los errores sin prejuicio, sin cobardía y sin culpables. No ganamos nada encontrando culpables porque si hay verdadera sinceridad, mejor nos repartimos las culpas, pero no creo que es lo mejor ni lo que se aspira tampoco. La verdadera justicia poco tiene que ver con la culpabilidad.

Si pudiésemos como sociedad experimentar este fracaso, quizás podríamos pasar a otra etapa en donde una nueva forma de organizarnos y de mirar las cosas es posible.

Inevitablemente en este estado de reconocimiento, el temor es lo primero que necesitamos aceptar, ver y abandonar. Es precisamente el temor lo que nos impide como sociedad avanzar a una forma más coherente de relación y de gobierno. El temor a perder lo que no tenemos o lo que creemos tener, el temor a no alcanzar lo que creemos necesitar, el temor a lo que recordamos haber tenido o creíamos tener nos ha llevado siempre a la destrucción y a la violencia como individuos y como sociedades. Este temor está en todos los niveles de nuestras vidas y por consiguiente nuestras estructuras sociales están en decadencia y en desintegración. "Cada uno aferrado a sus dioses..." como dice una famosa y verdadera canción. Sin darnos ni siquiera cuenta que esos "dioses" que nos adjudicamos son los mismos que los enemigos que hemos ido creando, se adjudican.

La verdad es que es una triste situación para toda la humanidad y nos guste o no, estamos todos inmersos en este sistema que ahora es global y sin ninguna posibilidad de escapar esta realidad.

Como todas las "realidades" solo queda comenzar a verla por lo que es y mientras más pronto mejor. Si existe una posibilidad de cambio es ahora y no mañana y ese cambio sólo va a ser posible si existe en cada uno de nosotros ese deseo fuerte de cambiar. Este cambio tiene que empezar por el individuo que toma cabal conciencia de la situación de fracaso a nivel individual y a nivel social. Si creemos ingenuamente que esto está separado y que es la sociedad la que está mal y nosotros bien, bueno, no iremos a ningún lado muy interesante. La postura opuesta en donde la sociedad está bien y el individuo no, es igual de errada.

Esto que sugiero es una de las cosas más difíciles de hacer y a la vez la más eficaz posible. Cuando el cambio comienza en el individuo es porque ese reconocimiento interno lo pone en una situación de "verdad" que no se puede llegar de otra manera. Como quisiera tomarme una pastilla y que todo esté bien al despertarme, o un vaso de algo que me haga sentirme mejor. O a lo mejor una dosis pequeña de drogas. Nada muy concentrado, pero suficiente para hacerme olvidar de esta realidad que no he creado y que no tiene nada que ver conmigo. O también me puedo rodear de personas como yo y así no siento mis errores de cálculo ni mi fracaso interno y puedo tranquilamente echarle la culpa al resto. Hay que admitir que a veces funciona por un rato pero inexorablemente ese momento pasa y algo sucede que esa artificialidad se rompe y estoy nuevamente internamente violentado por los hechos y por lo que no quiero admitir internamente. Las falsas puertas para acabar con la violencia interna y la desintegración social y personal que conllevan, son numerosas pero lo único importante es que son falsas. Lo verdadero siempre es sentido como tal y tiene la característica principal de no llevar violencia en si. Estamos hablando de violencia física, racial, de genero, religiosa, económica, etc...Todas las formas de violencia conocida. Uno siente lo que es verdadero como liberación interna, expansion, suave alegría, tranquilidad y la certeza de que el otro es tan importante como uno mismo. Si lo que llamamos "verdadero" necesitamos justificarlo y explicarlo porque no lo podemos sentir, entonces todas esas explicaciones no sirven mucho porque no llegan al corazón humano que es de donde parte la posibilidad real de transformación.

A lo mejor no siento todo el tiempo esto que lleva verdad, pero solo basta sentirlo unas pocas veces para orientar nuestras vidas en esa dirección humana y porque no decirlo, trascendente ya que verdaderamente trasciende lo personal, las pequeñeces individuales y nos pone en resonancia con la vida misma que se va construyendo de realidades internas y no de slogans y grandes tratados económicos, políticos y morales. Esta dirección ascendente me lleva a una situación de confianza con el otro y conmigo mismo que se puede experimentar sin duda alguna porque puedo sentir en el otro lo mismo que puedo sentir en mi. Cuando eso sucede, cuando puedo ponerme en el lugar del otro, es cuando mi posición en el mundo cambia y por consiguiente todo cambia. Poder y querer tratar al otro como yo quisiera ser tratado es la regla de oro para una sociedad real. Es el pilar fundamental para construir algo verdadero.

Cuando se divorcia el ser humano de sus sentimientos más profundos, es cuando el sentido se pierde o se esfuma. Cuando me separo de lo verdadero en mi, es cuando esa sociedad a la que pertenezco ya no es el reflejo de una dirección significativa. Ahí aparecen todos los "enemigos". Todos dispuestos a arrebatarme lo que creo tener. Ahí aparece lo indefensible y se enarbolan todas las banderas que sirven para señalar que lo más importante es el individuo, la familia, la propiedad, la religión y la patria. Y puede ser que asi sea, pero todo eso aparece teñido de temor y de violencia. No inspira confianza sino al contrario. Desintegra internamente y me obliga a traicionar lo que creo creer. Por un lado estoy dispuesto a hacer lo imposible por mis seres queridos y al mismo tiempo todo aquel que no pertenece a ese reducido círculo, es mi enemigo. Y por supuesto lo voy a justificar de mil maneras diferentes. Esa justificación se va a ir ampliando cada vez más y súbitamente me voy a encontrar con que la guerra, el asesinato, el control a través del temor es "necesario" porque son los enemigos de "mi patria" de mis "creencias" y de todo lo que existe.

Y si alguien se atreve a preguntarme cómo es posible que todo lo justifique y que esa religión que me adjudico es de "amor y no de odio" o cualquier otra pregunta que ponga en evidencia mi contradicción profunda, le responderé con insultos y más violencia.

Curiosamente no hay religión en el planeta que promueva el odio en sus enseñanzas originales, sin embargo aqui nos encontramos, con los defensores de la fe, armados hasta los dientes para proteger lo que nunca se dijo.

Se podría decir que es todo una absurdidad y por supuesto que lo es, pero hemos pasado el límite de lo que se puede decir y lo que tenemos enfrente es una desintegración que no responde a lo que se puede decir y analizar. Algo que crece como el cáncer y que va debilitando al cuerpo social hasta destruirlo. No estoy exagerando en absoluto. El resquebrajamiento social comenzó varias décadas atrás y en este momento estamos en una de las crisis más grandes que la humanidad ha enfrentado.

Están sonando todas las alarmas que nuestra corta memoria tiene de la historia y hasta los más cínicos y optimistas, en silencio saben que vamos en una dirección equivocada.

No creo que nadie realmente pueda estar muy contento con este análisis medio brutal y aparentemente negativo, pero desgraciadamente nos encontramos en una encrucijada histórica de proporciones. No es el momento de las palabras dulces y de la negación de lo que existe y adonde nos va llevando. Tampoco es el momento de las estadísticas y justificaciones intelectuales. Es necesario observar y entender que este medio en que vivimos llamado sociedad tiene mucho que ver con nosotros. En realidad, es casi imposible separar al individuo de la sociedad. Son una estructura y se comprenden estructuralmente. Es en la estructura misma en donde se va generando el problema de la falta de verdad, de la falta de fe, de la falta de confianza. El individuo y su medio se retroalimentan y no son concebibles separadamente por más que lo podamos imaginar.

Pienso y también quiero creer que podemos transformarnos y transformar nuestro medio. Pienso y creo que es posible ir en una dirección unitiva y totalizadora. He tenido chispazos internos de reconocimiento que me empujan fuertemente a creer que es posible no solo vivir con unidad interna pero también actuar en el mundo como fuerza transformadora.

Aprender a tratar a otros como quisiera ser tratado es la forma más coherente de estar en el mundo. Es algo que nos da sentido y dirección ascendente.

Luego, aprender a superar el sufrimiento en uno, en los otros más cercanos y en la sociedad.

Aprender a resistir la violencia que está dentro de mí y fuera de mi.

Finalmente, aprender a reconocer los signos de lo sagrado dentro de mi y en mi alrededor.

Entonces, se puede estar en el mundo, en la sociedad y aprendiendo a desarrollarnos internamente. Es importante entender que es necesario "aprender". No es solo una palabra sino que lleva consigo una forma de estar en el mundo en donde el aprendizaje es clave, en donde cada dia me pregunto por lo que es importante, en donde cada dia trato de aprender lo más posible sobre mi y los que me rodean y de alguna manera creo que es un "camino" que nos llevará a una sociedad distinta, humana, profunda y muchisimo mas verdadera.

La confianza está en la base de todas las relaciones humanas. Si se pierde, es como perder las puertas y ventanas en una casa. Si se afirma, entonces el futuro se abre de par en par.

jueves, 19 de octubre de 2023

Los Culpables




El tema de la culpabilidad es algo que siempre me ha llamado la atención. Probablemente porque desde mi infancia ha estado presente en mi vida. Nacido en una sociedad católica y educado en un colegio catolico, no me quedó otra que aprender a sentirme culpable desde la “tierna infancia”, como se decía antes…

Es bueno tener la experiencia directa de este fenómeno, a pesar de que no se lo deseo a nadie, ni tampoco a mi mismo. Pero al menos estamos hablando de algo que lo he experimentado y como se dice habitualmente , sufrido, por mucho tiempo y que me ha hecho pensar bastante en sus orígenes, desarrollo y la forma en que se ha compenetrado en las sociedades desde hace milenios. He usado la palabra “sufrido” intencionalmente y no como figura literaria porque la culpabilidad se experimenta como sufrimiento mental.

Porque es un tema serio, creo que lo mejor es abordarlo sin ninguna seriedad. De este modo puedo verlo mejor y decir desde el principio, que mi infancia poco tuvo que ver con la culpabilidad. En otras palabras, he conocido personas que nunca fueron a un colegio catolico y que nunca escucharon hablar de la “culpa” y se sienten tan culpables como yo… He conocido personas de otras latitudes, de otras culturas, con diferentes lenguajes y también tenemos en común que nos sentimos todos culpables.

Nos sentimos culpables por lo que hacemos y por lo que no hacemos. Por lo que pensamos y sentimos y también por lo que no pensamos y por la falta de sentimientos. O sea, nos encontramos en un laberinto interno sin mucha salida cuando se trata de la culpabilidad.

Lo más curioso de todo esto es que nadie lo quiere admitir y cuando sucede esa ingenua admisión, uno tiene por lo menos seis personas alrededor tratando de convencernos de que no somos culpables de nada. Lo que es algo bastante reconfortante pero no ayuda en absoluto. No ayuda porque a pesar de las buenas intenciones, es falso. La culpabilidad no desaparece con raciocinios, negaciones, convencimientos, rechazos, etc. Creo que hay que ir un poco más adentro, a la raíz del problema de la culpabilidad y esa raíz es como la de los robles; es profunda y larga…

Según las historias que se cuentan, nos expulsaron del paraíso por “culpa” de Eva que se comió una manzana del árbol del bien y del mal, seducida por una serpiente. Quien sabe donde estaba Adan en todo esto, pero la historia ya comienza bastante mal. Uno de los primeros “juicios” históricos comenzó con encontrar a los culpables y siguió con los “castigos” impuestos. Los echaron a los dos del paraíso por comer manzanas prohibidas y por querer ser como los dioses - o sea por tener aspiraciones más interesantes que simplemente existir. Ni hablar del hecho que fue una mujer la culpable y “Dios” siempre ha sido “el padre”.

Desde ahí para adelante es una serie de penurias enormes y de tragedias para los seres humanos - que por lo general vienen al mundo inocentemente sin saber nada de este pasado, sin posible elección y se encuentran en este extraño predicamento…son culpables antes de haber nacido. Además de todo esto, que resulta bastante extraño, hay un intermediario en todo este cuento y aparece en un momento clave en la historia con la intención de redimir a todos los seres humanos que ya venían con el “pecado original” a cuestas. El redentor trae un mensaje de amor, de compasión pero no alcanza a llegar a los 40 y termina crucificado por el imperio de turno ayudado por la religión existente en el lugar elegido.

Y de vuelta a toda la culpabilidad. No solo expulsados del paraíso, sino además culpables de su crucificción. Por supuesto, se explica que él murió por nuestros “pecados”, pero eso no ayuda para nada, sino que agrega un eslabón más a la larga cadena de culpabilidad que es el sustrato básico de toda una creencia, una fe y una forma de vida.

Quiero aclarar que no es mi interés en absoluto el ridiculizar la religión católica y de hecho, ninguna religión. Al contrario, intento explicarme a mí mismo cómo hemos sido adoctrinados y lo reconozco en mi primero y obviamente con muy pocos detalles y en una forma que puede verse como sarcástica, pero no lo es. Trataré de explicarlo a continuación.

Esta historia es muchísimo más complicada y lleva en esta forma miles de años en vigencia. Es importante, al menos desde esta perspectiva, entender que la culpabilidad en general está asentada en nuestra civilización y es completamente independiente de sus orígenes religiosos- si es que los hubo - considerando que el código de Hammurabi existía mucho antes de todas las religiones mencionadas. La culpabilidad se desprendió hace tiempo de sus orígenes pero sigue enclavada en nuestra reglas sociales, en los conceptos jurídicos, en lo que se considera “correcto” e “incorrecto” y en las formas más comunes de la aplicación práctica de las leyes que rigen a la humanidad.

La llamada “ley” se preocupa claramente de aplicar “justicia” y no hay tal justicia sin encontrar “culpables”. Los acusados por las leyes son enjuiciados y condenados (o absueltos) por los jueces que a veces es un magistrado y en ocasiones es un jurado compuesto por varias personas que deciden la culpabilidad o inocencia del juzgado. Todo esto funciona en todas las sociedades con el objetivo de aplicar justicia de acuerdo a las leyes del lugar. Las leyes cambian pero no cambia el sistema de justicia. No importa cuanto las leyes cambien, los culpables siguen siendo condenados. O sea, no existe un sistema de justicia sin culpabilidad. Esto que digo es así y no importa si uno está de acuerdo o no. Sin culpabilidad, sin castigos, sin juicios y sin confesiones se nos derrumba inmediatamente todo sistema judicial y cívico. Da bastante que pensar considerando todas las ramificaciones y consecuencias de todos estos enredos pero sin meternos en eso - que nos llevaría demasiado lejos, es evidente que los sistemas de justicia están basados en el “bien” y en el “mal” de acuerdo a lo que se considera bien y mal en el momento histórico en que se vive.

No creo que sea posible cambiar este sistema y no parece necesitar de ningún cambio, pero pienso que es interesante ver cómo opera en uno y como esa culpabilidad que no se sabe de donde viene, empieza a dictar mi comportamiento y ahora me siento culpable y no satisfecho con mi culpabilidad empiezo a encontrar a otros culpables. Nos repartimos la culpabilidad pero nada importante se transforma en nosotros.

Creo que el único antídoto para la culpabilidad es la responsabilidad. Este es otro tema largo y complicado por todas las interpretaciones que existen alrededor de los significados del “ser responsable”. Para hacerlo simple, me refiero únicamente a la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos en relación a la culpabilidad. En 1981, en Sri Lanka, Silo dijo lo siguiente: “Hoy nosotros decimos: deja por primera vez de buscar culpables. Ojalá se pueda declarar que no hay culpables y se establezca para todo ser humano la responsabilidad de reconciliarse con su propio pasado.”

Es una propuesta profunda, sencilla y algo que se puede efectivamente hacer si se sigue la línea de acción propuesta.

Si busco dentro de mí eso que me hace sentir culpable y trato de reconciliarme conmigo mismo, con lo que sucedió y con aquellos presentes en ese conflicto, es un paso adelante, es un paso que abre mi futuro. Es un comportamiento responsable en donde mi respuesta es internamente integradora y pretende superar la venganza, el resentimiento, la retribución y la auto degradación. En la verdadera reconciliación no hay perdones ni olvidos. En esta reconciliación es importante ir a la raíz del asunto de la venganza, del temor, de la culpabilidad y de la violencia. Esta raíz no es personal, es cultural y como ya hemos dicho, tiene sus orígenes en un pasado bastante remoto. De hecho el código de Hammurabi, antes del judaísmo, antes del cristianismo e Islam, es el comienzo de toda esta historia y por eso mismo esa raíz es larga y conviene estudiarla detenidamente y este estudio se basa en un principio universal que dice: “Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz y no cuando quieras resolverlos.”

ILUSTRACIÓN DE RAFAEL EDWARDS

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Sobre el Arte


Estoy interesado en el arte. Sí. Me interesa el arte pero desde una perspectiva o punto de vista y esta perspectiva se puede resumir de la siguiente manera:

“El arte como medio de expresión humana”

No me interesa la producción artística.

No me interesa definir “Arte”

Ciertamente no estoy interesado en nada remotamente conectado con la “creatividad artística” o el “proceso creativo” en el arte.

El hecho de que no me interesan esos aspectos no los hace menos importantes o valiosos. Tienen su valor y significado, pero no sería honesto si digo que los puedo incorporar.

Si el arte contribuye a la expresión humana, entonces es valioso y significativo, para mí. Si el arte contribuye al desarrollo social, entonces es valioso y significativo, para mi.

¿Por qué me interesa la expresión humana y porque me interesa el desarrollo social?

Porque soy un ser humano inmerso en un mundo de otros seres humanos. Nuestra existencia temporal y espacial es conocida por mi como “experiencia”. Estoy vivo (aparentemente) y lo que hago con mi vida es importante. Mi existencia, así como la existencia de los demás, está fuertemente condicionada por una multiplicidad de factores que no analizaré en este escrito y probablemente será suficiente mencionar los siguientes:

Todos venimos a este mundo sin la capacidad de elegir y es así como nacemos en un lugar de este planeta que no elegimos, nacemos en una ciudad, pueblo o región no elegida, en un contexto cultural no elegido; en un contexto social no elegido. Nacemos en una familia con un nombre y apellido que es dado. En suma, nacemos condicionados al máximo en una circunstancia temporal y material dentro de un momento histórico/cultural particular en el que sucede.

Mi existencia no es única. Es una existencia experiencial compartida. No hay nada demasiado único en mí, excepto la ligera diferencia en las características del cuerpo en comparación con otros seres humanos. Aparte de eso, además de una gran ilusión de singularidad, soy como todos los demás.

Como ya no me percibo como único, tampoco creo más en la “singularidad”, especialmente cuando se menciona en torno al tema del Arte.

Antes del Renacimiento, la producción artística era un quehacer anónimo. Era un esfuerzo social y no individual. No se asociaban firmas ni nombres con la producción artística. El arte era una actividad colectiva y tenía una expresión y una intención diferentes.

No tengo suficiente comprensión o datos para explicar por qué, pero puedo percibir que nuestra arquitectura, pintura, música, etc. pasó de ser una expresión de la sociedad en su conjunto a una en donde se puso énfasis en el individuo. Probablemente porque la actividad realizada no tenía nada que ver con la individualidad, con eso que se fue haciendo cada vez más fuerte con los siglos venideros. El anonimato fue degradado y el esfuerzo social se volcó hacia el individuo. Llegamos al siglo XXI y mucho de lo que percibo artísticamente está en ese contexto de la expresión individual.

Entiendo que es algo sumamente fuerte porque es el sistema en que nacemos - como es explicado anteriormente - es el condicionamiento social, cultural, regional y planetario en que estamos inmersos. Dicho de otro modo, es el medio ambiente en el cual nos desarrollamos y adquirimos lo que nos constituye como individuos con las características ineludibles de ese medio. Y en estas características de las sociedades actuales, el individualismo y la creencia en los individuos está a la base de todas ellas.

En mi proceso personal valoro los esfuerzos conjuntos. Me dejan un registro muy especial de una suave alegría y de complementación. Por supuesto puedo concebir producciones artísticas que no estén en esa franja, sin embargo, me parece interesante todo lo que es colectivo por la dirección que tiene y a lo mejor en un futuro no muy lejano el quehacer artístico se desarrollará a través de las actividades conjuntas.

En algunas producciones artísticas se plasman a veces los mejores intentos humanos y muchas veces coinciden estos intentos con búsquedas supra personales, con intuiciones de otros espacios y tiempos, con concepciones que se alejan a veces dramáticamente de lo que es impuesto por el momento histórico, con elaboraciones que tienen resonancia con lo que no es individual, sino más bien colectivo. Más o menos eso es lo que pretendo comunicar cuando me refiero a la dirección que puede tener el arte.

Varios años atrás, a principios de este siglo, un grupo de amigos y amigas creamos un colectivo cultural y artístico que lo llamamos “Antoja”. Hicimos muchas presentaciones, retiros, conversaciones, producciones conjuntas, etc. pero nos complicamos con la imagen del colectivo y después de algunos años decidimos disolverlo. Siempre he tenido la impresión de que a pesar de tal disolución en el 2005 mucho de lo que se hizo colectivamente y muchos de los intentos más interesantes en llevar lo “artístico” a un nivel más allá de lo personal, sin “despersonalizarse” fue algo importante, distinto y muy querido.

O sea, producir individualmente en un contexto grupal, en una dirección similar , con una perspectiva global y un sentimiento humanista profundo. Pienso que ese primer intento no ha sido en vano y ha quedado como un peldaño en el proceso de sacar el arte del contexto individualista y personal en que ha estado por siglos y llevarlo a una esfera comunitaria, colectiva y definitivamente en una dirección que refleja lo espiritual y social complementariamente.

Hablo de lo espiritual en un sentido muy amplio y no necesariamente religioso. Es casi imposible en esto que afirmo del arte no tener experiencias de gran inspiración y también es casi imposible no ver que históricamente mucho de lo construido artísticamente ha sido el producto de la inspiración. Esa inspiración es la que saca al artista del mundo convencional y a veces profundas revelaciones interiores aparecen conectadas como están con lo intuitivo y lo que va más allá de lo que percibimos con los aparatos sensoriales y estas producciones se plasman en lo que conocemos como poesía, pintura, música, teatro, ensayo, escultura, etc.

Casi me atrevería a decir que lo sagrado se puede expresar a través del arte que es concebido más allá de lo individual y paradojalmente transforma al individuo a su vez.

Quizás lo más importante en todo esto del arte es también lo más sencillo y lo más obvio. Se puede resumir en una corta frase de respuesta a una pregunta.

Pregunta: “Y para que todo esto?”

Respuesta: “Es un intento más en establecer una comunicación…”

FOTOS DE RAFAEL EDWARDS

Resistencias

El tema de las resistencias es más complejo de lo que parece. Por lo general, se considera a una resistencia como una especie de dificultad ...